Mantener la calma

¿Qué podemos hacer para mantener la calma con nuestros hijos, en momentos de auténtico descontrol?

La crianza respetuosa es fantástica. Pero hay momentos en que es realmente difícil mantener la calma para seguir aplicándola. Con lo sencillo que es dejarte ir, pegar un grito, mandar al niño a su cuarto y se acabó la discusión. Pero, si estás aquí, es que sabes que te vale la pena poner un poco más de tu parte, a cambio de una educación basada en el respeto mutuo.

Pero (siempre hay un pero) todos, y repito TODOS, alguna vez hemos perdido la calma. Y quien te diga que no, es MENTIRA. Hasta la persona más buena, pacífica y «zen» ha perdido el control alguna vez (si has estudiado religión, acuérdate de que Jesús, que es el top de la bondad, perdió el control en el Templo de Jersulén, tirando las mesas de los vendedores y cambistas al suelo). Así que es totalmente normal que nuestro cerebro reptiliano secuestre nuestra parte racional, y reaccionemos por instinto (te dejo el post relacionado con el funcionamiento del cerebro y del cerebro truiuno). 

El objetivo está claro, queremos transmitir a nuestros hijos calma y serenidad, queremos educar sin gritar y sin imponer nuestra autoridad a cualquier precio. Pero en el momento de desborde emocional de nuestros hijos, con chillidos, llantos, tirados en el suelo y dando patadas, es misión imposible llevar a cabo el objetivo. Hay veces que estamos más cansados, hemos tenido un mal día, estamos frustrados y perdemos el control. Y leerás mil páginas sobre cómo manejar el desborde de tu hijo, pero… ¿cómo manejas tu propio desborde? Sí, sí. El momento en que tú eres el que pierde el control. 

Madre que pierde la calma
¿Qué podemos hacer para no acabar como Lois, la madre de Malcom?

Hoy te dejo unas recomendaciones para que, cuando llegue ese momento en que vas a perder los nervios (porque llegará), puedas recuperar tu calma. 

IDENTIFICA LA EMOCIÓN

Parece algo muy sencillo. De hecho, es algo tan evidente que acostumbramos a pasarlo por alto. Cuando sientas que pierdes la calma, lo primero es identificar qué estás sintiendo y cómo está reaccionando tu cuerpo.

Cuando tu hijo te provoque una emoción muy intensa, hazte las siguientes preguntas: ¿Sientes calor?¿sientes que sudas?¿sientes dolor en el estómago?¿aprietas los puños?¿aprietas la mandíbula?¿notas como las mejillas te arden?¿Se te acelera el pulso?

Identifica todo lo qué le sucede a tu cuerpo cuando empiezas a sentir el desborde emocional. Anótalo si es necesario. Así cuando vuelvas a experimentar los mismos cambios físicos, podrás darte cuenta antes y aplicar alguna de las próximas estrategias con anticipación. 

RESPIRA

En ocasiones olvidamos lo importante que es respirar. Haz una prueba. Respira rápido y de manera superficial por un minuto. Este tipo de respiración provoca bastante mal estar ¿no? Ahora prueba a coger aire durante 5 segundos. Retenlo 3 segundos. Déjalo ir por otros 5 segundos. ¿Sientes que poco a poco te vas relajando? 

La respiración tiene un poder sobre la mente y el cuerpo impresionante, y a veces no le damos la importancia que merece. Cuando te desbordes prueba a respirar de manera consciente. Inspira por la nariz muy lentamente y espira por la boca al mismo ritmo. Céntrate en cómo entra y sale el aire, si es frío o caliente, a qué velocidad estás respirando, etc. 

Hay muchas técnicas de relajación mediante la respiración. Es un recurso muy sencillo y muy efectivo, tal vez necesita que practiques un poco, pero se aprende muy rápido. Te dejo tres maneras de respirar (muy sencillas) para recuperar el control y la calma que me enseñaron durante la carrera y me van de fábula.

Respiración diafragmática

1.Pon la mano sobre tu vientre
2.Respira profundamente por la nariz
3.Hincha el vientre con el aire que estás inspirando (tienes que ver como tu mano se eleva)
4.Realiza una pausa de unos segundos, reteniendo el aire
5.Espira lentamente
6.Repite las veces que sea necesario

Respiración diafragmática (o abdominal)
Respiración diafragmática (o abdominal)

Respiración alterna

1.Tapa con el pulgar derecho la fosa nasal derecha
2.Inspira lentamente por la fosa nasal izquierda
3.Retén el aire mientras tapas la fosa nasal izquierda
4.Expira por la fosa nasal derecha
5.Repite las veces que sea necesario, alternando los mecanismos

Manera en que colocamos las manos para efectuar la respiración alterna
Manera en que colocamos las manos para efectuar la respiración alterna

Respiración completa

1.Pon la mano en tu abdomen.
2.Inspira por la nariz lenta y profundamente e imagina que eres como un recipiente de agua que se va llenando.
3.Llena primero tu abdomen con el aire (tienes que ver como se eleva tu mano).
4.Llena ahora tus costillas (éstas tendrían que expandirse).
5.Llena ahora la clavícula (te notarás más erguido).
6.Retén el aire unos segundos.
7.Expulsa el aire como si fueses un recipiente de agua, primero «vacía» la clavícula, luego las costillas y finalmente el abdomen.
8.Repite las veces que sea necesario.

Respiración completa
Inspiración durante la respiración completa

EMPATÍA

La empatía es algo básico, algo que nos han enseñado como positivo desde que tenemos uso de razón. Y sin embargo, muchas veces se nos olvida aplicarla con nuestros propios hijos.

Para volver a mantener la calma y conectar de nuevo con tu peque, intenta meterte en su cabeza. Posiblemente, para ti es absurdo el gran drama que supone que su oso de peluche no esté en su ubicación habitual, la cama. Tú con toda tu buena fe lo has puesto en la estantería porque quedaba mejor. Y cuando tu hijo ha visto que no estaba en la cama, ha empezado a «montar el pollo del siglo». Y tu le das el oso, pero él sigue con el llanto y los gritos y no hay manera de pararlo. No entiendes nada ¡pero si ya le has dado su oso!. 

Ahora, imagínate que tienes tu móvil con todas las fotos de tu peque en la mesita de noche, y de repente vas a cogerlo y ya no está. Y no lo ves por ningún sitio. Seguramente sentirías un poco de agobio, de nervios o mal humor ¿dónde estará?¿me lo habré dejado en la cafetería? Seguramente, si de repente aparece tu pareja y te dice que te lo ha cogido sin tú saberlo y lo ha puesto en otro sitio, sentirás un poco de desconcierto. ¿Por qué coge mi teléfono?¿por qué lo cambia de sitio sin avisarme? Y eso que tú tienes un modo de razonar complejo, pero tu hijo, biológicamente, está en una etapa emocional. 

Ahora, tal vez puedas ponerte en el sitio de tu hijo. Él ha ido a por el oso a la cama con muchas ganas de cogerlo y jugar con él y se ha llevado un susto y un gran disgusto cuando ha visto que no estaba. Punto. No le des más vueltas. Lo ha pasado fatal y ahora tiene que desahogarse.

ENTRENA EL PENSAMIENTO POSITIVO

Nuestra mayor enemiga, en los casos de desesperación, es la mente. Vamos a intentar que el cerebro reptiliano no nos juegue una mala pasada. 

Hay situaciones que no podemos evitar pensar “no puedo más”, “no puedo seguir así”, “estoy harta”, etc. Cuando esto suceda, vamos a intentar dar la vuelta a la situación. Interioriza una serie de mantras que puedes usar mientras haces las respiraciones que te he enseñado un poco más arriba. A mí me gusta uso las siguientes:

-“Yo puedo, soy capaz”
-“Soy su madre, yo soy adulta y puedo manejar la situación”. 
-“Es cierto que me pone muy nerviosa esta situación, pero mi hija me necesita y puedo lograr manejar el momento”.
-«Ella lo está pasando mal, yo soy adulta, mi responsabilidad es acompañarla y transmitirle serenidad»
-«Es una fase, acabará pasando»
-«Mi hija confía en mí, tengo que ser su modelo en este momento difícil»

Parece algo muy básico, pero no te haces a la idea (con un poco de práctica) lo útil que es este ejercicio. 

ALÉJATE DE LA SITUACIÓN

Si notas que la situación te supera, intenta alejarte un poco. Busca que alguien se quede con el niño unos minutos, y si no tienes a nadie, sepárate un poco sin perderlo de vista.

Sé que es importantísimo en la crianza respetuosa y en la disciplina positiva, que el niño sienta que estamos para él cuando nos necesite, que nos sienta presentes. Pero si te alejas unos instantes, no te preocupes, el niño no se va a traumatizar ni se va a sentir abandonado.

Más vale que te cuides tú primero y luego puedas cuidarle bien a él. Es como cuando vas en avión con niños pequeños y los auxiliares de vuelo te indican que en caso de emergencia, primero te pongas tú la mascarilla y luego se la pongas al niño. Pues es lo mismo. Más vale que tú recuperes la conexión y la fuerza, y luego puedas atender bien al niño. 

AJUSTA EXPECTATIVAS

Muchas veces, perdemos la calma porque tenemos expectativas poco realistas. Los niños pequeños son intensos, ilógicos, nerviosos y la mayoría de veces, ni ellos mismos saben por qué pierden el control. Y es normal que a sus padres nos cueste manejar las situaciones. Es más, habrá situaciones que van a ser imposibles de manejar y solamente podremos dejar que pase la tormenta. 

Debes aprender que durante muchos, muchos años, tu hijo se va a mover por emociones y no por la razón. Cuando antes asimilemos esto, mejor podremos aceptar los momentos de desborde emocional.

ACEPTA A TU HIJO

Tu hijo es un ser diferente a ti. No va a hacer, ni pensar, ni decir lo que tu quieres que haga, piense o diga. Tiene su propio criterio, su propia personalidad y sus propias emociones y eso nadie lo va a poder modificar. Así que lo mejor que podemos hacer es aceptar que tal vez tu hijo es muy intenso, que tu hijo es muy tozudo o que tu hijo llora “fácilmente”. 

Sentirte aceptado y querido por cómo eres es uno de las mejores sensaciones que hay. Es un regalo sentir que el amor no está condicionado solo por las cosas que haces, ya que todos podemos equivocarnos y todos podemos meter la pata. Así que lo mejor que podemos hacer es conocer a nuestros hijos, aceptar su personalidad y quererlos tal cual son.

Aceptar que nuestro hijo tal y como es, hará mucho más llevaderos los momentos de conflicto.

ESTRATEGIA EXTREMA

Cuando sientas que no puede más, que has llegado a tu límite y que vas a explotar, piensa en qué pasaría si no estuviese tu hijo. Si ahora lo perdieras. Si no pudieras verlo más, abrazarlo más, oírlo más. Sé que es una medida muy extrema que no quieres ni imaginarte, pero es una medida que te devuelve la conexión, a valorar hasta el llanto más agudo y la pataleta más intensa. Aprendes a saborear, incluso, ese momento que te está desquiciando. 

BUSCA TU TRIBU

Para poder acompañar a nuestro hijo, necesitamos estar acompañadas/os nosotros mismos.  Tu tribu puede ser un grupo de apoyo, puede ser tu pareja, pueden ser tus amigos, otros padres y madres de la escuela infantil o del colegio, puede ser tu suegra o tu padre.

No tengas miedo de pedir ayuda a tu tribu. Es normal que la necesites. Todos necesitamos ayuda en algún momento porque es imposible llegar a todo. Y por ayuda me refiero desde pedir a tu tía que te traiga unos cuantos tuppers de comida, a ir a un grupo de apoyo donde puedas expresar tus emociones libremente, o que alguien se lleve a tu hijo un rato mientras tú disfrutas de una hora de descanso en el sofá sin hacer nada. 

Tener una red de apoyo y ayuda, es algo básico para sentirte menos «cargado» y puedas mantener la calma en momentos de tensión. Cuanto más agotado o saturado estás, más fácil es sufrir el secuestro del cerebro repitiliano.

PERDÓNATE

Yoda
No hagas caso a Yoda, todos podemos perder los nervios en algún momento. Es algo de la naturaleza humana y no está mal sentirlo

Si no has conseguido mantener la calma y te has desbordado y has dicho o hecho algo de lo que te arrepientes, NO PASA NADA.

Lo primero, no te martirices, no te sientas culpable, no te sientas mal padre o mala madre. Eres humano y todos podemos perder el control en algún momento. Como te he dicho al principio del post, todos cometemos errores, todos perdemos los nervios y todos hacemos y decimos cosas que no queremos.

No sirve de nada que te fustigues y te machaques. Si te has equivocado, pide perdón a tu hijo (no te preocupes, no va a perderte el respeto por que lo hagas) y aprende de la equivocación. 

Los errores son una excelente oportunidad para aprender, así que aprovecha la situación para analizar cómo te has sentido, qué ha sido lo que te ha hecho perder los nervios, cómo estabas tú a nivel anímico y de qué maneras puedes intentar evitar que te suceda una próxima vez. 

 

Y hasta aquí por hoy. Solo me queda decirte que mucha paciencia si estás en una etapa más complicada, tarde o temprano pasará. Si necesitas cualquier cosa, puedes escribirme por aquí o por Instagram.

¡Y si tienes otras estrategias que te funcionen para recuperar la calma, no dudes en compartirlas!

Muchos besos de esquimal. 

 

Silvia.

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