Los niños no son malos

¿Por qué se porta mal un niño? ¿Qué podemos hacer para modificar los malos comportamientos?

-¡No pegues a tu hermana, eres malo!
-¡No me contestes!¡Qué mal te portas!
-No seas mala y deja a tu madre tranquila un rato.
-Es más malo que la tiña, no está quieto. 

Esta cara se me queda cuando oigo que le dicen a un niño que es malo

No os imagináis lo cansada que me tiene escuchar que un niño es malo porque no se comporta como nosotros consideramos que debe de comportarse. Se dice que un niño es malo a la ligera, sin tener en cuenta sus necesidades, sus emociones, sus posibilidades o cómo puede afectarle esa etiqueta.

Pues hoy vengo a deciros que NO. UN NIÑO NO ES MALO, TAL VEZ SOMOS NOSOTROS QUE NO SABEMOS IDENTIFICAR Y CUBRIR SUS NECESIDADES.

Y ahora, que ya he echado la culpa a los padres, muchos me querrán echar a los leones y cerrar esta página.

Colectivo de padres enfadados por echarles la culpa de que sus hijos se porten mal

Pero si te interesa saber más sobre cómo funciona la lógica de los niños, cómo manifiestan sus necesidades y qué puedes hacer para afrontar situaciones difíciles… ¡Sigue leyendo!

La disciplina positiva tiene dos bases sobre las que se sustenta: 

  1. El respeto mutuo (por el niño y por el adulto)
  2. El sentimiento de pertenencia 

Hoy quiero hablaros del sentimiento de pertenencia. Si entendemos este concepto, nos va a ser muchísimo más fácil aplicar la disciplina positiva y no perder la calma en momentos de tensión. 

Antes de entrar en detalle sobre qué es este sentimiento. Repite conmigo: A los niños no hay que ganarlos, hay que ganárselos.

Vuelve a repetirlo.

Es importante que entiendas que el niño es un igual a ti, es un miembro más de la familia que no está por debajo de ti (ni por encima). Tenéis los mismos derechos y obligaciones. Por el hecho de ser su padre no puedes esperar a que te deba obedecer ciegamente, aceptar todo lo que le digas y acatar todas tus órdenes. Eres su padre, tu función es guiarlo para que pueda vivir una vida plena y feliz, no es tu subordinado al cual decirle qué debe hacer y cómo debe hacerlo en todo momento

Ahora sí… ¡Empezamos!

¿QUÉ ES EL SENTIMIENTO DE PERTENENCIA (O COMUNIDAD) Y POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE?

Los humanos somos seres sociales. Al menos la mayoría.

Vivimos en comunidades, rodeados de otros humanos y nos relacionamos entre nosotros. Y no solo eso, además, nos necesitamos para sobrevivir, necesitamos sentir que pertenecemos a un grupo para poder desarrollarnos adecuadamente (en este link, éste o éste puedes hacerte una idea de las terribles consecuencias del aislamiento).

A partir de esta base, un psicólogo llamado Alfred Adler (muy importante en ésto de la disciplina positiva), llamó a esta necesidad «sentimiento de comunidad / sentimiento de pertenencia«, el cual se define como los sentimientos que experimenta una persona al sentirse valorada, necesaria e importante en un grupo (familia, amigos, colegio, trabajo, etc.). Y todos los humanos, nos movemos por éste propósito. 

Años más tarde, otro psicólogo, Rudolf Dreikurs, concluyó que los «malos comportamientos» de los niños son porque por algún motivo han dejado de tener el sentimiento de pertenencia, es decir, que han dejado de sentirse parte de la comunidad (para que lo veamos más claro, podemos cambiar el nombre de «comunidad» por «familia», que es la primera comunidad en que el niño empieza a aprender a relacionarse). 

Así pues, según Dreikurs, si un niño se comporta mal es porque ha dejado de sentirse importante en la familia.

Y si ha dejado de sentirse parte de la familia ¿qué intentará conseguir? Volver a sentir que es importante en la familia. Ésto es razonable, ¿no?

Un niño que ha dejado de sentirse parte de la familia, querrá, de alguna manera, volverse a sentir parte de ella. Algo nada reprochable y más bien lógico.

Pero no es todo tan bonito y sencillo.

El “handicap” es que los niños son inexpertos en cuanto a relaciones sociales, así que intentan volver a sentir que forman parte de la comunidad a través de 4 tipos de conductas disruptivas, detrás de las cuales se esconden una serie de creencias erróneas. 

Así pues, detrás de un mal comportamiento, siempre hay una creencia errónea sobre cómo conseguir pertenecer a la familia. El mal comportamiento, es solo la solución que el niño ha encontrado a un problema más profundo. Un problema al que normalmente, el adulto, no presta atención porque no lo ve. 

En conclusión, solo se va a poder corregir el comportamiento, si las creencias erróneas del niño son corregidas. 

De inicio, solo vemos la conducta inadecuada, que es solo el 20% del problema. Debemos intentar rascar para ver el 80% restante

LAS CREENCIAS ERRÓNEAS

¿Cómo identificamos las creencias erróneas para corregirlas? Mediante sus comportamientos y lo que nos hacen sentir. 

A continuación vamos a analizar las 4 creencias con los que nos podemos topar, cómo identificarlas y qué conductas podemos llevar a cabo nosotros, los adultos.

1.Atención excesiva

Comportamiento:
El niño reclama la atención de manera constante, se queja continuamente y es exigente.
Es bastante frecuente y, normalmente, todos los niños presentan estas actitudes en algún momento. 

Ejemplo:
El niño va tranquilamente dando un paseo a tu lado, pero cuando te encuentras a un conocido y te paras a charlar con él por unos minutos, el niño te interrumpe constantemente reclamando tu atención.

¿Qué sentimientos nos produce?
Nerviosismo, irritabilidad, hastío, fastidio, agotamiento de la paciencia.
En ocasiones, podemos experimentar culpabilidad al no atender la demanda del niño o por haberle dado demasiada atención.
Preocupados al no entender por qué el niño es tan demandante.

Reacción habitual de los padres
Le gritamos al niño que pare, le advertimos que pare o habrá consecuencias.
Usamos frases del tipo “¡qué pesado es este niño!”, “¡déjame respirar un rato!”
Chantaje: “si te callas, nos quedamos más rato en el parque”.
Cedemos a sus deseos, exigencias o peticiones para que nos deje en paz.
Advirtiendo de un castigo “como no pares, te quedas sin postre”. 

Respuesta del niño
El niño cede su conducta durante un periodo corto de tiempo, mientras se le está prestando atención. 
Retoma la conducta, incluso de manera más intensa

Creencias erróneas
El niño piensa que solo es parte de la familia cuando sus padres le prestan atención constantemente.
Cree que solo es querido cuando es atendido.
Como ante “buenas” conductas no es fácil recibir atención, opta por buscar cualquier otra manera de ser notado. 

Qué nos dice su comportamiento
El niño quiere sentirse involucrado, quiere sentirse importante y útil en la familia. 

Reacción respetuosa
Dale una tarea útil a tu hijo, pídele ayuda
Explícale lo que vas a hacer “te quiero, y después de comer jugaremos juntos”
Planea tiempo especial juntos
Escucha de manera activa lo que debe de decirte (ponte a su altura, míralo y deja que te explique qué necesita)
Ignorar la conducta (¡atento! Solo la conducta, valida al niño y sus emociones)
Dale un abrazo, nunca está de más. 

2.Lucha de poder

Comportamiento
El niño te desafía, se niega a hacer lo que le pides. 

Ejemplo
Cuando le pedimos al niño que nos ayude a recoger su habitación y el niño responde: «¡No me da la gana y tú no puedes obligarme».

¿Qué sentimiento nos produce?
Sentimientos de enfado, de sentirse desafiado y amenazado.
Sentimiento de desborde, el adulto se siente superado por la situación. 

Reacción habitual de los padres
En ocasiones, el adulto cae en luchas de poder intentando obligar (mediante amenazas y castigos) al niño a hacer algo.
Para demostrar que el niño no manda, entramos en la lucha de poder y peleamos.
Abandonar
Pensar que castigar o sermonear va a hacer que el niño esté motivado a comportarse mejor. El p/madre piensa: “Yo tengo el control y debes hacer lo que yo te diga”, “no puedo permitir que se me tome el pelo”, “no puede salirse con la suya”. Haz clic aquí para recordar cómo puedes educar sin castigar.

Respuesta del niño
Intensifica la lucha contra el p/madre, aumentando la conducta desafiante, entrando en un círculo vicioso.
Siente que gana cuando el padre reacciona alterado o frustrado.
Obedece, pero de mala gana y desafiante.
Dice que obedecerá, pero en realidad no cumple la petición.

Creencias erróneas
El niño cree que solo se les tiene en cuenta en la familia cuando es él quien manda o impide al adulto mandar.
Se siente inferior o poco válido y necesita demostrar que nadie puede dominarlo. 

Qué nos dice su comportamiento
El niño pide que le dejemos ayudar, que le permitamos tomar decisiones y tener poder sobre aquello que le afecta a él. 

Reacción respetuosa
Pídele ayuda.
Pregúntale si hay algo que le preocupa y qué podrías hacer para remediarlo.
No pelees pero tampoco cedas a sus exigencias, se trata de ser firme con los límites pero amable.
Ofrece opciones limitadas para que se sienta más autónomo.
Si lo necesitas, aléjate de la situación y tómate tu tiempo para recuperar el control de ti mismo, cuenta hasta 10 o aprende ejercicios de relajación.
Usa frases como: “confío en ti”, “no te puedo obligar, pero sé que sabes cómo debes actuar”.
Permite que se sienta empoderado, que tome sus decisiones y asuma las consecuencias de sus actos.
Organiza tiempo de calidad y especial, pasad tiempo juntos divertido.
No tengas miedo a negociar y encontrar una solución al problema. No «se te subirá a la chepa» por llegar a un acuerdo

3.Venganza

Comportamiento
El niño tiene conductas destructivas con los demás y consigo mismo.
Es hiriente y agresivo.
Puede llegar a violencia física.

Ejemplo
Vamos a buscar a nuestro hijo al colegio, y no solo no saluda, sino que nos suelta “no me quiero ir contigo, no te quiero”. 

¿Qué sentimiento produce al adulto?
El niño nos hace daño, nos hace sentir heridos o decepcionados, incomprendidos, tristes.
Incluso sentimos incredulidad ante lo sucedido. 

Reacción habitual de los padres
Piensa “¿Cómo puedes hacerme ésto?”
Tomarse la conducta como un ataque personal y contraatacar «yo sí que no te quiero cuando te portas así»

Respuesta del niño
Empeora su conducta y la intensifica.

Creencias erróneas
El niño ha aprendido que nunca va a poder ganar en las luchas de poder, así que al sentirse “derrotado o herido”, aprende a hacer él lo mismo.
Al sentir que no pertenece a la familia y que no se le tiene en cuenta, hace sentir a los demás, lo mismo que él siente. 
Se siente incomprendido

Qué nos dice su comportamiento
Estoy dolido
Valida mis sentimientos. 

Reacción respetuosa
No te tomes los ataques de manera personal.
Evita el castigo.
Escucha.
Pide perdón si has dicho o hecho cosas mal
Reconoce sus sentimientos y validalos, todas las emociones tienen su razón de ser.
Dile que le vas a querer de manera incondicional, pase lo que pase.
Retírate y deja pasar un tiempo si no vas a poder manejar la situación desde la calma y el respeto.
Dale muestras de afecto (abrázalo, dale un beso…)

4.Indefensión

Comportamiento
El niño está ausente, ha asumido un rol pasivo. 

Ejemplo
Pedir al niño que salude a la abuela, y que el niño ni levante la cabeza, no conteste y se muestre ausente. 

¿Qué sentimientos nos produce?
Frustración, desesperación. 

Reacción habitual de los padres
Darse por vencidos.
Hacer las cosas por el niño y ayudar demasiado.
Muestras de poca confianza en el niño.
Criticarle y compararle con otros niños 

Respuesta del niño
Se aísla más; no mejora; no da respuesta.
Se hunde más

Creencias erróneas
El niño no se siente capaz de aportar nada a la familia y decide desvincularse, aislarse (a veces sucede con niños que no han tenido suficiente autonomía o están acostumbrados a que se lo hagan «todo», no se sienten empoderados o capaces).
Cree que es inferior a los demás y que no es merecedor de amor. 

Qué nos dice su comportamiento
No me abandones, enséñame a hacer las cosas poco a poco. 

Reacción respetuosa
Proponer tareas más sencillas hasta que el niño lo consiga.
Tomarse tiempo para enseñar y practicar.
Abandonar cualquier modo de crítica.
Nada de compadecer «pobrecito, es que no sabe». Aliéntalo.
Destaca cualquier tipo de logro «has podido resolver la suma tú solo».

Si lo analizamos, no es ninguna locura. Cualquier comportamiento que consideremos malo, se engloba dentro de una de las 4 creencias anteriores. 

Vale, Silvia, la teoría está muy bien, pero… vamos a lo práctico. 

¿Cómo puedo hacer para que se sienta parte de la familia?¿De qué modo rompemos el sistema creencias?

PASOS PARA PODER ROMPER EL SISTEMA DE CREENCIAS ERRÓNEAS

En caso de un niño que ha perdido el sentimiento de pertinencia, reconozco que no es fácil. Requiere mucha paciencia, mucho tiempo y mucha dedicación. Pero no es imposible. Es importante que nos centremos en cambiar las creencias, no solo el comportamiento. 

Para comenzar, te recomiendo que sigas éstos pasos que te ayudarán a identificar los malos comportamientos para descubrir la creencia errónea que debemos abordar y cómo podemos manejarla.

1.Describe una conducta que estás experimentando con tu hijo y que suponga un reto. ¿Qué ha hecho el niño?¿Cómo has reaccionado?¿Qué ha sucedido después?
Estaba hablando con una amiga en el parque y el niño no paraba de llamarme y gritarme. Al ignorarlo, se ha tirado al suelo a llorar, patalear y gritar. Yo le he cogido del brazo y le he dicho que o se calla o nos vamos a casa. Me ha dejado un rato, pero luego, otra vez ha vuelto a empezar a llamarme. Al final me lo he llevado a casa y ahora no me habla.

2.Identifica qué sentimientos has experimentado durante la situación de conflicto. ¿Te has sentido irritado, desafiado, ignorado…?
Me he sentido muy molesta e irritada.

3.Reflexiona sobre qué conductas llevas a cabo cuando se da este comportamiento. ¿Se trata de conductas típicas del adulto (exigir que cese la conducta, castigar, ignorar…)? ¡Atento! La conducta que describas en este punto, puede modificar el sentimiento que experimentamos. Esto quiere decir, por ejemplo, que a veces creemos sentirnos ignorados, pero la realidad es que nos sentimos desafiados. En cuyo caso, nuestro comportamiento, nos da muchas pistas sobre nuestras emociones más profundas. 
Primero le he ignorando, pero al ser tan insistente le amenazado en que nos iríamos del parque si no dejaba de llamarme y luego le he castigado marchándonos del parque.

4.¿Qué ha hecho tu hijo ante tu primera reacción? ¿Ha cesado la conducta?¿te ha seguido ignorando?¿Ha intensificado su comportamiento? Con los datos recabados hasta ahora, te debería de ser “fácil” identificar cuál es la creencia errónea que mueve la conducta. 
Primero ha intensificado la conducta disruptiva y ha hecho una pataleta.

5.Escribe en un papel la creencia errónea (atención excesiva, lucha de poder, venganza o indefensión
Atención excesiva (que ha derivado en una lucha de poder y venganza)

6.Intenta empatizar con el mundo de tu hijo. ¿Cómo te sentirías si fueras un niño y tu padre actuase como tú estás actuando?, ¿qué pensarías?, ¿qué harías?
Tal vez mi hijo necesitaba que jugase con él un rato. Ha estado todo el día en el colegio sin verme y ahora que podemos estar un rato juntos, no le hago caso y encima me lo llevo del parque por su necesidad de querer estar conmigo. Yo también me sentiría un poco enfadada e incomprendida.

7.Elige una de las sugerencias que te gustaría aplicar la próxima vez que te encuentres con la conducta indeseada. Elabora un plan de actuación. 
La próxima vez, jugaré con él y le dedicaré tiempo. En caso de que vuelva a llamarme tan intensamente, le preguntaré por qué me llama tan insistentemente para saber qué necesita.

8.¿Cómo ha ido? Escribe con todo detalle qué ha sucedido. ¿La conducta de tu hijo ha cambiado?¿has cambiado la tuya? Si tu plan no ha funcionado en el primer intento, prueba a intentar otra de las sugerencias. Sobre todo, antes de llevar a cabo una herramienta de corrección, recuerda que has de conectar. Tu hijo debe sentirse validado y escuchado. 

TÉCNICAS PARA HACER QUE TU HIJO EXPERIMENTE EL SENTIMIENTO DE PERTENENCIA

No vamos a engañarnos, es mucho mejor prevenir que curar. Te facilito algunas técnicas para ayudar a tu hijo a sentirse parte de la familia. 

Educación emocional. Es inútil reprender la acción. Lo realmente importante es que ayudemos a poner nombre a la la emoción que suscita esta conducta. Es importantísimo que no neguemos, escondamos o reprimamos ninguna emoción. Hay que explicarles por qué nos sentimos de ese modo y cómo podemos controlarla. 
Me gritas por qué estás muy enfadado porque te he hecho salir de la ducha cuando lo estabas pasando bien. Te comprendo y podemos hablar sobre ello, pero sabes que nosotros no nos comunicamos chillándonos.

No a los monólogos. Los sermones, las explicaciones extensas y el hablar con el niño largo y tendido sobre el motivo por el cual su conducta no es adecuada, no suele hacer efecto. Claro que hay que explicar el por qué no es aceptable pegar cuando se enfada, pero no es necesario caer en un monólogo de 10 minutos. Desde la primera frase, el niño ya habrá entendido que no es una conducta adecuada, pero tiene unas motivaciones internas más fuertes que le llevan a hacerla. 

Escúchalo y cuenta con sus aportaciones. Tenlo en cuenta en las decisiones que afecten a la familia y en las rutinas diarias. Ha de sentir que sus ideas son tenidas en cuenta y valoradas. Es la mejor manera para que se sienta uno más.
Puede proponer dónde ir de vacaciones (y tenerlo en cuenta, obvio), qué cena la familia un día por semana, de qué tarea doméstica se encarga, etc.
Esto hace que el niño se sienta uno más y quiera colaborar en el buen funcionamiento del núcleo familiar. 

Hazle sentir capaz y no hagas las cosas por él. No hagas las cosas por él, si él no te pide que le ayudes. Fíjate en este ejemplo: «Atarse el pantalón no es fácil, pero si lo sigues intentando, lo lograrás» no es lo mismo que decir «ya te ato yo el pantalón, que vamos a llegar tarde al colegio». Con la última frase lo estamos invalidando, haciéndole sentir incapaz. Si algo no le sale y nos lo pide, podemos ayudarle o mostrarle visualmente como lo hacemos nosotros, pero sólo si el niño considera que necesita esta ayuda. 
Conseguir las cosas por sí mismo, hará que se sienta empoderado y capaz de aportar cosas a la familia.

Hazlo sentir útil. Involucralo en tareas diarias. Puede ayudarte a cocinar, a limpiar, a hacer la cama…De manera natural, el niño quiere sentirse parte de la familia y quiere cooperar en la familia. Haz que sienta que tiene un papel o una responsabilidad importante. De este modo, conseguimos que todos los miembros de la familia tomemos conciencia de algo valioso para todos, como es el hogar. 

Permítele tomar decisiones. Deja que él tome decisiones que le afecten directamente. Si es pequeño, te recomiendo permitirle elegir entre opciones limitadas (porque si no puedes cumplir más años que Matusalén hasta que se decida), pero permítele que elija. 

A Sofía le permito elegir su colonia desde muy pequeña. Le presento dos botes de dos colonias de diferentes marcas y le pregunto «¿Cuál te quieres poner hoy?» y doy por entendido que el primer bote que toca, es el que quiere ese día. Parece algo absurdo, pero desde bien pequeña estoy haciéndola sentir capaz de tomar decisiones que la afectan directamente, la hago dueña de sus acciones desde el minuto 1.  

Pidele ayuda. Las órdenes son mal recibidas, especialmente por los niños. No nos gusta que nos ordenen qué hacer, las órdenes crean rebeldía. Los niños querrán tener el poder y entraremos en una lucha de poder para ver quién domina la situación. No es lo mismo que le digas a tu hijo «recoge la mesa» que «¿Me ayudas a recoger la mesa?». En la primera frase se va a sentir  que estás por encima de él y que no se le tiene en cuenta como uno más de la familia. Con la segunda frase, toda la familia va a recoger la mesa juntos, en igualdad de condiciones y seguramente, le hará feliz cooperar y ayudar.  

Buscad soluciones juntos. Cuando exista un problema o un conflicto, buscad una solución en lugar de culpables. Si el niño ha roto un vaso, en lugar de decir «ya has roto el vaso, te he dicho que parases de tocarlo 3 veces, vete a tu cuarto», podemos decir «se ha roto el vaso, ¿qué hemos de hacer ahora?» y que el niño de ideas de cómo proceder. 

Permite que se equivoque. Deja que experimente las consecuencias de sus elecciones. El error es el motor del aprendizaje, así que permite que se equivoque. Experimentará que no pasa nada por equivocarse y aprenderá de ello.

Y sobre todo. Algo básico. Darle amor, tiempo y cariño. Sobre todo «cuando menos lo merezca, que será cuando más lo necesite». El niño tiene que percibir que el amor es incondicional. Aunque su comportamiento no nos haya gustado. Le tenemos que hacer entender que le queremos y aceptamos tal y como es, que haga lo que haga, no le dejaremos de querer

Pero no confundas dar amor con consentir. Si hay un límite pactado, ese límite debe cumplirse, pero siempre desde el respeto y el cariño. «Te quiero mucho, y por eso no puedo permitir que juegues con las tijeras». Te dejo el enlace sobre cómo aplicarlos límites.

Para finalizar, un último apunte. Es normal que podamos encontrarnos con situaciones como la lucha de poder o la búsqueda excesiva de atención, forma parte del desarrollo de los niños, pero debemos estar atentos si aparecen conductas vengativas, y todavía más si detectamos comportamientos de retraimiento. 

Me gustaría concluir que, con todo ello, no quiere decir que consigamos niños perfectos, modélicos, que sepan actuar en cada situación, etc. Quiere decir que conseguiremos niños que cooperan, se respetan a sí mismos y a los demás y son tolerantes

Sé que hoy ha sido largo, pero he encontrado necesario que podamos entender la mente de nuestros hijos para ayudarnos a nosotros mismos a abordar el confito de la mejor manera posible.

Si te ha sido útil el post, no dudes en compartir. Y si tienes dudas, necesitas ayuda o quieres compartir tus ideas, puedes dejarme un comentario aquí debajo o contactar conmigo por Instagam haciendo clic aquí

¡Muchos besos de esquimal!

 

Silvia. 

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