Cómo aplicar los límites

En este post quiero explicarte cómo poner y gestionar los límites en base a la crianza respetuosa y la disciplina positiva

Cuando digo que practico la disciplina positiva (o que lo intento), muchas veces me contestan que los niños necesitan límites. Y mi cara es de… “¿obvio?”. 

Ya sé que los límites son necesarios, gracias.

Se confunde mucho la disciplina positiva con la permisividad, y no. No es lo mismo. Las personas que aplicamos este tipo de crianza, sabemos que no es respetuoso no marcar límites al niño. No poner límites (o su contrario, ser demasiado autoritario y estricto) puede crear problemas en el desarrollo de la personalidad del niño. 

La permisividad, el no poner límites, el dejar toda la libertad de decisión al niño, me parece que roza la negligencia. Los niños no pueden ni deben pensar que pueden hacer lo que quieran sin que haya una consecuencia. Claro que pueden tener libertad, pero siendo conscientes de que todos sus actos siempre tienen un resultado. Y somo nosotros, los adulto quienes tenemos la responsabilidad de guiarles en el aprendizaje de las normas y límites para que puedan adaptarse a la sociedad.

Pero los límites en la crianza respetuosa y en la disciplina positiva, son bastante diferentes a los límites de la educación más tradicional y por eso hay mucha confusión. 

En este post quiero explicarte cómo poner y gestionar los límites en base a la crianza respetuosa y la disciplina positiva. 

Pero primero… ¿qué son los límites?

Sergio quiere saber qué son los límites

Según la disciplina positiva, son un conjunto de reglas y normas que garantizan la seguridad del niño, la convivencia y estimulan su desarrollo y autonomía. Tienen mejor resultado que los límites impuestos porque el niño se siente involucrado y tenido en cuenta, se siente respetado y querido de manera incondicional. 

Según la educación más tradicional, son un conjunto de reglas que se imponen para tener un mejor control de lo que sucede. ¿Y qué sucede cuando se imponen reglas?, ¿qué sucede cuando se intenta controlar a las personas? Normalmente, cuando intentan imponernos normas para controlarnos, sin tenernos en cuenta, nos causa enfado y rechazo. Lo mismo le pasa al niño. 

Así que lo primero de todo, debemos dejar claro que si queremos poner límites siguiendo los principios de pertenencia de la crianza respetuosa y la disciplina positiva, no debemos tener miedo a modificarlos, adaptarlos e incluso (si es posible) consultarlos con nuestros hijos

Una vez dicho ésto… 

 

¿Cómo construimos los límites?

Limita los límites. A veces, creemos que cuantos más límites, mejores padres vamos a ser. Más controlado estará el niño y mejor se comportará. Y nada más lejos de la realidad. Hay niños que tienen tantos límites, que a veces les es absolutamente imposible recordarlos todos, no es que te quieran desafiar, simplemente los olvidan. 

Pero… ¿cómo decido qué límites son realmente necesarios?

  • Límites relacionados con la seguridad (de uno mismo y otros): no tocar enchufes
  • Límites relacionados con el respeto (por sí mismo y a otros): no se debe pegar

Es decir, si estás planteando un límite solo para mostrar quién tiene “el poder” (por ejemplo, «ahora tienes que echarte una siesta porque lo digo yo«) , tal vez no vale la pena plantear ese límite. Así que el primer paso es preguntarse si realmente el límite que quieres plantear es importante. ¿Vale la pena lidiar con los conflictos que pueden surgir, si el niño desafía el límite?

Anticipa los límites. Siempre que sea posible, discute los límites con anterioridad, en un momento calmado. Si el niño en un momento de rabia, te pega, no vas a poder hacerle entrar en razón y conseguir su cooperación. Lo mejor es que cuando esté calmado, le recuerdes o expliques por qué no se debe pegar a los demás, a pesar de sentir rabia o frustración.

Es bueno que los limites deban cumplirse (en la medida posible) por toda la familia. Es muy feo decirle al niño que no puede beber Coca Cola mientras tu te estás bebiendo un vaso del tamaño copa balón, con hielo y limón. Sin embargo, si el límite es que la familia puede tomar un vaso de coca cola el fin de semana, seguramente, sea más fácil acatarlo.

Involucra al niño en plantear los límites. Hay algunos límites innegociables, sobre todo los relacionados con seguridad. Por ejemplo, dar la mano para cruzar la calle. Pero a partir de edades tempranas (5-8 años, aunque depende del niño), se les puede y debe involucrar en la toma de decisiones respecto a los límites. Se puede negociar y hacerles sentir parte importante de las decisiones con respecto a ellos. ¿Y cómo se hace eso? En resumidas cuentas hay una serie de pasos: 

  1. Habla de las necesidades y sentimientos del niño: no quiero acostarme a las 21h porque no tengo sueño a esa hora
  2. Habla de tus necesidades y sentimientos: tienes que dormir para poder tener energía al día siguiente, sino estás cansado y te cuesta mucho levantarte por la mañana para ir al cole
  3. Haced una lluvia de ideas sobre las posibles soluciones. Aunque suenen absurdas. Cuantas más ideas mejor. Anótalas en un papel. Dormir solo cuando tenga sueño, entre semana dormir a las 21h pero en fin de semana alargar hasta las 22h, el día que se despierte cansado dejarlo dormir en casa en vez de ir al cole, etc. 
  4. Decidid conjuntamente qué soluciones veis mejor: Entre semana puede acostarse a las 21:30h y el fin de semana podemos esperar despiertos a las 22h.

Plantea límites que no dependan del niño. Los límites efectivos son los que no dependen de si tu hijo quiere cooperar o no. No hagas preguntas que pueda contestar «no»

Ejemplo: no puedes obligar a tu hijo a sentarse en la silla del coche, pero puede elegir si quiere subirse él solo o lo sientas tú en él

Otro ejemplo: «Cariño, ¿te has cepillado los dientes» puede dar opción a responder no, y que tu le digas que debe cepillarlos y él te diga que no quiere. Es mejor que le digas «Cariño, ¿prefieres la pasta de dientes sabor a fresa o a menta»

Límites claros y concisos. Pocos límites pero muy claros. El límite debe decirle al niño qué se espera de él exactamente. Se le debe decir qué va hacer y qué va a ocurrir después.

Ejemplo, “cada noche, después de cenar y antes de acostarte, debes haber lavado tus dientes 2 minutos”.  O en lugar de decir “no me hables mal” (¿qué es mal?). «No nos hablamos gritando y con palabras irrespetuosas». 

Usa lenguaje positivo. En lugar de plantear qué no puede hacer, plantea que sí puede hacer. 

Ejemplo: En lugar de “ahora no puedes ver la TV que es tarde” puedes decirle “La TV se puede ver por la tarde, por la noche podemos leer un libro”. 

Los límites deben coincidir con los valores familiares.  Es decir, si a mí no me importa que mi hija quiera ponerse botas en pleno verano ¿por qué tendría que prohibírselo? Sin embargo, para otra familia puede ser totalmente inaceptable llevar botas en un día muy caluroso. Sin embargo, a mí no me parecería bien que Sofía saltase en el sofá (me parece peligroso y no quiero que se rompa), pero para otra familia, puede ser algo natural y no pasa nada. 

Te dejo unas preguntas que puedes hacerte para examinar los límites que tienes: 

¿Es realmente importante?
¿Es razonable?
¿Es claro y conciso como para que el niño lo entienda?
¿Deja claro al niño qué hacer y qué no?
¿Se mantienen en el tiempo?

¿Cómo aplicamos los límites?

Sé firme y amable.  Es una de las máximas de la disciplina positiva. Dile cómo te hace sentir su comportamiento, qué es lo que no te gusta y qué es lo que sí te gusta. Luego hazle saber que lo quieres de manera incondicional. 

Ejemplo: Sé que te sientes enfadado, pero me hace daño que me pegues, me gusta cuando me explicas, sin gritar, qué es lo que te hace sentir así.

Comprueba tu lenguaje corporal. La comunicación no verbal da más información que la comunicación verbal. Siempre ponte a la altura de tu hijo, háblale con firmeza pero con un tono adecuado, sin elevar la voz. Transmite amabilidad con una sonrisa e incluso busca el contacto físico positivo (un abrazo, una caricia, etc.).  

Cuando marques un límite, cambia el PERO por el Y . ¿Qué quiere decir ésto? Cuando les decimos “entiendo que te lo estás pasando bien, pero tienes que poner la mesa” es lo típico de “siempre tiene que haber un pero, realmente no entiendes cómo me siento”. La percepción es diferente de cuando se dice “entiendo que te lo estás pasando bien y tienes que poner la mesa, después de comer, podrás seguir jugando”. 

Recuerda avisar de la inminencia del límite. Los padres tenemos la suerte de poder anticipar en qué circunstancias podemos tener un conflicto con nuestros hijos por la aplicación de algún límite. ¡Aprovechémonos de ello!

Ejemplo: Si sabes que el momento de salir de la bañera es un momento crítico, podemos ir recordándole el límite que ya conoce con anterioridad “Acuérdate que en 5 minutos tienes que salir de la ducha”. Ésto les da tiempo de acabar lo que están haciendo.

Otro ejemplo es: «Si tardas tanto en salir de la ducha, no te voy a leer un cuento«, puede substituirse por «hoy estás tardando mucho en salir de la ducha, espero que te de tiempo a leer el cuento«.

Da opciones. Permite que puedan elegir. Por ejemplo, si de postre siempre deben tomar fruta, podemos darle elegir entre dos frutas que tengamos en casa. 

Ejemplo. De postre, ¿te apetece más el plátano o la sandía?

Usa preguntas de curiosidad y evita el tono imperativo.

Ejemplo. En lugar de decirle “¡Cepíllate los dientes antes de acostarte!”, puedes preguntarle “¿recuerdas que tenemos que hacer después de cenar y antes de acostarnos?”

Usa palabras cortas

Ejemplo. En lugar de decirle “¡Cepíllate los dientes antes de acostarte!”, que puede dar opción a una negativa, simplemente di, en tono cariñoso, “¡dientes!”

Evita ataques hacia su persona. Refiérete a la acción o a los hechos de manera neutra, en lugar de al comportamiento del niño. Así no se sentirá atacado.

Ejemplo. Si se deja el agua encendida mientras se cepilla los dientes, en lugar de decirle “Estás gastando agua”, puedes probar con “se está gastando agua”. 

Haz cumplir el límite. Sé consecuente con los límites. No vale decir que no se puede ver la TV por la noche, pero el día que estás cansado, dejarle ponerla porque no te apetece discutir. Ésto desestabiliza al niño y hace que no sepa qué se espera de él. Esto tampoco quiere decir que periódicamente puedan revisarse los límites. 

 

¿Y si pone a prueba el límite?

Recuerda que no hay niños malos, solo malos comportamientos. Esta premisa es básica en la disciplina positiva. Recuerda que si te sientes desafiado por tu hijo, es que hay una necesidad que no está siendo cubierta. ¿Sabes cuáles son esas necesidades? Te dejo este link para que puedas tener una pequeña idea, pero próximamente habrá un post más detallado al respecto.  Así que desaprobamos conductas, no al niño.

Revisa que tus expectativas están de acuerdo con la edad y ritmo de desarrollo del niño. Te recomiendo que verifiques que el niño está preparado para asumir el límite planteado. La mayoría de veces, no rompen las reglas a propósito, simplemente es que los niños no tienen desarrollada el área del cerebro que controla las emociones y los impulsos. Es normal que un niño de 3 años no pueda estar sentado 2 horas en la mesa de un restaurante y tenga la necesidad de corretear entre las mesas. 

Muestra empatía.  Empatía real. Ponte en el lugar de tu hijo de verdad. Piensa en lo que le puede costar dejar a medias un juego con el que se lo está pasando en grande para ir a cenar unas lentejas. No es un cambio muy apetecible. Si muestras empatía, es el momento en que se crea la conexión. Que tu hijo/a sienta sus sentimientos validados, hace que esté más abierto a cooperar con tus indicaciones. 

Ejemplo. Entiendo que te molestes por tener que dejar de jugar para venir a cenar. Yo también me sentiría así si tuviese que dejar de hacer algo que me gusta mucho. Y ahora es el momento de ir a cenar. 

Pregunta. Tu hijo puede tener sus motivos para no cumplir el límite. Es importante, antes de tomar una medida, preguntarle el por qué no quiere cumplirlo. 

Ejemplo: el niño estalla en chillidos y pataleos cada vez que se le sienta en el coche. Si le preguntas por qué, tal vez te de un motivo «es que me hace daño en el pañal» y simplemente, es que esta demasiado apretado el cinturón y aflojándolo un poco, se solucione.

Y te preguntarás, ¿por qué no me dice lo que le pasa directamente? Pues porque es un niño. Tal vez no ha analizado lo que le pasa, o tal vez no sabe explicártelo, o simplemente por que no. No son adultos racionales, son pequeños adultos en formación y necesitan de nuestra ayuda para expresarse y entender qué les sucede.

Los límites pueden cambiar. Los límites pueden modificarse con el tiempo, pueden negociarse y replantearse siempre que sea necesario. Revísalos periódicamente y adáptalos a la circunstancia de tus hijos. 

 

¿Los límites no son lo mismo que los castigos?

No. Es cierto que en ocasiones, un límite implica que tu hijo deba dejar de hacer algo, pero no es algo impuesto por una autoridad incuestionable. El límite tiene en cuenta al niño y lo respeta. Es una indicación para ayudar al niño a adaptarse en el entorno en el que vive de manera segura. El castigo, sin embargo, es una consecuencia que impone el adulto a un comportamiento que él considera no adecuado. 

En este link te dejo el post en el que hablo de cómo educar sin castigar.

 

Consejos útiles

Estas técnicas no son infalibles. Está claro que no tiene por qué funcionar. No todas las herramientas funcionan en todos los niños y en todas las situaciones posibles, pero pruébalos.

Deja de pensar en lo que dirán los demás. Muchos te criticaran porque puedes dar la sensación de permisividad con estas técnicas, porque permites que un niño tenga poder de decisión. Y esto, no es habitual en la actualidad (todavía). Ten claras tus convicciones y piensa en lo que tu crees que es mejor para tu hijo

Ten paciencia. Es natural que los niños pongan a prueba los límites constantemente. Hay mil motivos para que lo hagan. Desde que han olvidado ese límite, pasando porque quieren ver qué pasa si superan el límite o, simplemente, quieren comprobar si el límite sigue ahí. 

Sé su modelo. Siempre digo que los niños no aprenden de lo que se les dice, sino de lo que ven. No puedes pedirle a tu hijo que se cepille los dientes antes de acostarse, si tú no lo haces. 

Para límites innegociables no uses el por favor (aunque quieras enseñarle cortesía) ni «¿vale?». No estamos pidiendo un favor al niño, ni estamos dándole otra opción. En la sillita del coche debe ir atado. Si le decimos ¿vale? el niño, creerá que tiene otra opción. Si se lo pedimos por favor, daremos a entender que le pedimos un favor, pudiéndose negar a ello. Debemos hacerle entender de manera amable y firme ese límite y que nosotros estamos para ayudar a cumplirlo, por ejemplo:

«Cariño, en la sillita del coche se va atado porque te quiero y no puedo permitir que te pase nada. Hasta que no estés atado no podremos arrancar el coche. ¿Quieres sentarte tu solo o te sienta mamá?».

Usa el NO cuando sea necesario. No tengas miedo a decir que “no”, pero tampoco lo uses de manera excesiva. Cuando se usa demasiado, pierde su poder. Cuando vayas a decir “no”, intenta tomarte una pequeña pausa (siempre que puedas permitírtelo), explica y redirige. 

Ejemplo: cuando Sofía quiere tocar un enchufe, uso un “no” drástico. Sin embargo, si está jugando con el mando de la TV intento distraerla con algún juguete que sé que le gusta.

Otro ejemplo, es en lugar de decir «no se corre» utilizar palabras como «caminando» o «alto».

Respeta sus emociones cuando se hace cumplir el límite. Cuando hacemos cumplir un límite, tu hijo puede sentirse enfadado, frustrado o triste. Puede tener una “rabieta”. Es normal, natural y es bueno permitirle experimentar estas emociones y que sepa que nosotros lo sostenemos. Limitaremos siempre conductas, nunca emociones. Es decir, está bien sentirse enfadado, pero no está bien pegar para expresarlo. 

Así aprende que no siempre puede conseguir lo que desea, aprende a tolerar emociones como la frustración o la ira, pero lo más importante es que aprende que hay alguien que la quiere de modo incondicional. 

Acepta a tu hijo cómo es. Si tu hijo no es de comer mucho, por más que insista, no va a comer más. Si tu hijo no es de dormir, no se va a echar siestas de 2 horas por muy necesarias que las consideres.

Espero haberte sido de ayuda y haberte dado ideas para establecer límites. Antes de terminar el post, quiero enfatizar en que no es un método milagroso y a partir de la aplicación de estas técnicas, tu hijo va a obedecer todo lo que le digas. ¿Sabes por qué? Porque no estamos criando para que los niños obedezcan, estamos criando para que el niño quiera y pueda tomar las decisiones que él considera correctas. Así que confía en tí mismo y, sobre todo, confía en tu hijo. 

¡Muchos besos de esquimal!

 

Silvia. 

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