¿Todavía no? Pues mi hijo…

-¿Todavía no gatea? La mía gateaba a los 6 meses
-¿Aún no dice mamá? La mía hablaba desde los 7 meses
-¿No se pone de pie? Tengo una amiga que su hijo a los 9 meses ya corría.
-¿Pero aún no duerme sola? Yo a los 5 meses lo saqué de mi habitación y dormía la noche entera

Casi siempre te vas a encontrar con algún espécimen de este tipo. Los “comparadores profesionales”.

Perfil del comparador profesional

Habitualmente alguien que ya ha estrenado m/pateridad antes que tú. Aunque podemos encontrar otros perfiles ya que, como bien sabéis, todo el mundo tiene licencia para opinar libremente sobre cómo ejerces la maternidad.

Cabe decir que los comparadores profesionales tienen recuerdos borrosos. Sus hijo con 7 meses ya iban en bici, a los 9 debatía sobre empirismo y racionalismo y si me apuras, al año te resolvía raíces cuadradas. Vale exagero. Pero sí que es cierto que:

  1. Es imposible que te acuerdes de la edad exacta a la que tu hijo va cumpliendo todos los hitos del desarrollo (por Dios, que el otro día me preguntaron cuando se empezó a quedarse Sofía sentada y yo no sabía si era a los 6, 6 y medio, 7… y tiene 8 meses de vida).
  2. No es lo mismo empezar a hacer algo que hacer algo. Que si nos ponemos serios Sofía empezó a decir “mamá” a los 4 meses. Pero lo repetía mucho “mamamamamama” y se lo decía a cualquiera que pasase por ahí. Sí, decía mamá, pero no con sentido de la palabra.

Modus operandi

De manera supuestamente inocente, te preguntan si tu hijo ya ha cumplido algún hito del desarrollo que ELLOS consideran normal para su edad. Como respondas que no… Te saltan con la coletilla:

“¿No?”, “¿Todavía no?, “¿Aún no?»
+
“Pues el mio a los (X días/meses/años) ya….”

Al ver tu cara de agobio/cabreo/molestia/indiferencia seguramente te soltarán “pero no te preocupes eh, que cada niño tiene su ritmo”.

Ejemplo verídico del otro día. Madre de X saca el tema de dormir:

-¿Y dónde duerme Sofía?
-En medio
-Ui… ¿todavía? Pues X duerme solo desde los 5 meses y, además del tirón.

Mi cara:

Consecuencias

Le das un pin, una mala cara, y en casos extremos quieres darle una bofetada. Pero estamos intentando aplicar la disciplina positiva y la crianza respetuosa, así que intentemos evitar ésto último, que no sería un buen ejemplo.

Los comparadores profesionales pueden hacerte sentir preocupado/a y agobiado/a. ¿Estaré haciendo algo mal?, ¿tiene algún problema en su desarrollo? La respuesta a ésto es sencilla. Si tu pediatra no te ha dicho nada en las revisiones, tu hijo está estupendo.

Y yo me pregunto, entonces, si no te he preguntado ¿para qué me lo sueltas?. En serio, sigo sin saber qué pretenden conseguir comparando a mi hija con la suya. Tal vez quieren hacer del desarrollo una competición, hacer ver que su hijo está adelantado y por lo tanto, es muy listo (lo cual, por cierto, es un error pensarlo).

¿Qué podemos hacer al respecto?

Que te entre por un oído y te salga por el otro. Yo ni contesto este tipo de comentarios. A ver, no saquemos las cosas de contexto, que me pregunten si Sofía hace algo, es la mar de normal. O que me cuenten una novedad de otro niño, me parece genial. Lo que veo fuera de lugar es el “pues mi Amparito bla bla bla”. Esos comentarios son los que ignoro. Así la otra persona, se puede dar cuenta de lo innecesaria que es su aportación. Sobre todo si quién te lo dice no es un profesional de la psicología infantil, la educación infantil o personal médico.

No compares. Está claro que todos queremos un hijo 10. Y se entiende que es un hijo 10 si puede hacer algo lo antes posible. Pero, ¿por qué?, ¿crecer es una carrera o algo que debe disfrutarse?

Jamás compares a tu hijo con otro niño. Es difícil, siempre habrá niños que gateen antes, que hablen antes, que coman mejor, que duerman solos. Pero tu hijo es único y tiene sus propias habilidades que irá desarrollando.

Lo único que conseguimos con la comparación es dañar el autoestima de nuestros hijos, fomentar la rivalidad y crear sentimientos de celosía.

No te justifiques, ni justifiques a tu hijo. A veces, caemos en el… “bueno, aún no habla por que es tímido”, “bueno… no gatea, pero aplaude”, “bueno no hace ésto pero hace esto otro”. Intentamos justificar(nos). ¿Por qué? ¿qué necesidad? Si tu hijo no hace algo, no lo hace y punto. No es mejor ni peor por ello. Ya lo hará cuando esté preparado o cuando necesite hacerlo.

Respeto y apoyo. En la crianza respetuosa, debemos respetar al niño. Y eso incluye respetar sus ritmos. No debemos forzarles, ni presionarles a hacer cosas para las que no están preparados (retirar el pañal, caminar, mantenerse erguido, dormir solo, leer…). Transmitamos calma, paciencia y amor para que el aprendizaje no tenga un coste negativo a nivel emocional. Piensa que cualquier experiencia puede afectar a la autopercepción del niño. Así pues, si presionamos al niño para que abandone el pañal cuando no está preparado, podemos hacerle sentir inútil o poco espabilado. Y ésto, a largo plazo, tiene consecuencias.

No aceleremos su ritmo y adáptate tú al suyo. Vivimos en una sociedad en que lo queremos todo para ayer. Y ésto hace que los niños puedan sentirse abrumados por no ir al ritmo de las expectativas de su entorno. Ésto les puede generar estrés, presión, vergüenza… Seamos sus padres quiénes nos adaptemos a ellos y hagamos que se sientan seguros. Relájate y disfruta observando cómo va alcanzando logros a su ritmo, en vez de querer que corra para que no sea «menos» que otros niños.

Confía en tu hijo y no tengas prisa.

Pd. Si realmente crees que existe un retraso en el desarrollo en tu hijo, no te recomiendo consultarlo con otros padres o madres, ves directamente al pediatra.

¡Muchos besos de esquimal!

Silvia.

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