La industria alimentaria infantil nos engaña

-¿Pero cómo va a desayunar solo fruta?
-Por un día McDonalds no pasa nada
-Pobrecito, ¿no le das helado? Le estás fastidiando la infancia
-Dale estas galletas para bebés, pobre. Que disfrute con algo…
-¡Pues yo me he criado comiendo ésto y estoy la mar de bien!
-Yo te daré Donuts sin que mamá se entere, que se enfada

Es curioso ver hasta qué punto la industria alimentaria ha conseguido engañarnos. Hasta el punto de que se te critique por intentar evitar darle azúcar a un bebé. Hasta el punto de que pensemos que no pasa nada por darle azúcar a un bebé. Lo vivo, diariamente, se me critica porque… «¿cómo le voy a dar solo de comer fruta y verdura?¡Qué ocurrencias!». Creo que, en todo caso, debería celebrarse que intente darle a Sofía los alimentos más sanos posibles, ¿no?

Pues la industria alimentaria ha conseguido que pasemos por alto los riesgos de una mala alimentación y lo peor, es que ha conseguido que lo pasemos por alto en bebés y niños en pleno desarrollo. Ha conseguido que la sociedad presione a los padres que toman la decisión de no dar azúcares a sus hijos, para que acaben cediendo ante los reproches.

Claro que no pasa nada porque un día el niño se coma unas galletas de chocolate. El problema es que este niño por la mañana toma leche con Cola Cao y magdalenas, un zumo envasado para media mañana, en la comida, de postre toma un yogur azucarado con una cucharada de Nesquik (otra vez). Y para merendar un bocadillo de pan blanco con fuet. Y para cenar, como nos da pereza cocinar, un caldo de tetrabrik y de postre un Petite Suisse. Así que no es “por un día” no pasa nada. Es que diariamente les damos a nuestros hijos el doble del azúcar recomendado por la OMS.

No es que solamente sea malo para la salud, sino que estamos subiendo el umbral de dulzor del paladar del niño, de modo que cuando le demos algo sin azúcares o edulcorantes (una fruta o una verdura), el niño nos va a decir que nos lo metamos por dónde nos quepa.

Como es algo polémico y lleno de opiniones (sé que muchos no estaréis de acuerdo), quiero aclarar que no soy nutricionista, ni pretendo decirte qué debes hacer. Solamente, quiero hacerte llegar esta información que tal vez desconozcas, para que puedas tomar la decisión que tu consideres más adecuada. No es para que no le des nunca azúcar a tus hijos, sino para que realmente sepas qué le estás dando a tu hijo. Por desgracia, muchas veces les damos alimentos que creemos que son saludables porque se venden en farmacia y ponen “mi primer…”, “especial para bebés”… Y no. Nada más lejos de la realidad. Eso es puro marketing.

Así que… ¡Empezamos!

EL AZÚCAR

Todos sabemos qué es el azúcar, una sustancia endulzante y que está presente en la gran mayoría de alimentos que tomamos. Pero… ¿qué es lo que no sabemos del azúcar?

Lo que no sabemos es que es altamente adictivo, como cualquier droga de diseño. De hecho, crea en el cerebro la misma respuesta que la cocaína. Consumir azúcar altera el estado anímico (activa el centro de placer del cerebro y el sistema de recompensas) y ello conlleva a que queramos más azúcar. ¿No te ha pasado, cuando has tenido una época de ansiedad o nervios, que tu cuerpo te pide consumir donuts, galletas, donettes, bolsas de patatas…?

Lo que no sabemos es que porque una etiqueta no diga “azúcar”, no significa que no lo lleve. El azúcar se disfraza de palabras como: sirope, fructosa, panela, azúcar moreno jarabe, sacarosa, melaza, hidrolizado, sorbitol, maltitol… Y ninguna de sus formas es buena. Por más que te vendan que el azúcar moreno es mejor que el blanco, que la miel es sana o que la panela es buena, NO ES CIERTO. ES AZÚCAR IGUAL.

Lo que no sabemos es lo perjudicial que puede llegar a ser para la salud. La obesidad, la hipertensión, la diabetes, caries, cardiopatías, el síndrome metabólico, etc.

Lo que no sabemos es que no estás “fastidiándole” la infancia a tu hijo por no darle alimentos procesados o azucarados. El niño nace con un paladar “no prostituido”. Quiero decir, todo lo prueba por primera vez. Si educamos a nuestro hijo a tomar alimentos cargadísimos de azúcar desde bien pequeñito, el día que le des una fruta, te dirá que te la comas tú. No va a encontrarle sabor. Sin embargo, si educamos su paladar para comer alimentos no procesados, sin azúcar añadido, el niño aceptará mucho mejor alimentos “saludables”.

Es decir, es mucho más difícil que a tu hijo le pueda gustar el sabor de la fruta y la verdura, si lo has acostumbrado siempre a papillas de cereales super endulzadas.

TIPOS DE AZÚCAR

Para empezar, me gustaría explicarte, muy brevemente, los tipos de azúcar que existen. No voy a entrar en datos científicos porque se haría eterno.

  1. Azúcar intrínseco: azúcar presente en los alimentos de manera natural, cuya misión es aportar energía y va junto con minerales, vitaminas y otros nutrientes del alimento. Son los azúcares que van unidos a la matriz del alimento, presente en frutas y verduras.
  2. Azúcar añadido: es el que añade la industria para endulzar un producto.
  3. Azúcar libre: es el que se libera del alimento al separarlo de la matriz, por lo tanto, su poder nutritivo, es nulo. Son calorías vacías.
Cuadro obtenido de Realfooding

RECOMENDACIÓN DE CONSUMO

La OMS recomienda no ingerir azúcares añadidos o libres, pero en caso de su consumo recomienda:

En adultos, reducir la ingesta de azúcares libres a menos del 5%. Alerta. Si tomas 0% mejor. Lo que te dicen es que no superes ese porcentaje.

En niños, no dar más azúcar del equivalente a 3 cucharadas de postre de azúcar libre.

En lactantes, dar 0% azúcares añadidos o libres.

¿Sabes que el principal problema de salud en España son las enfermedades relacionadas con una alimentación poco sana?

EL ENGAÑO DE LA INDUSTRIA

¿Pero qué interés tiene la industria en endulzar tanto los alimentos?

Piensa que el sector de la alimentación infantil da mucho, muchísimo dinero. Cada familia se gasta unos 300€ al año en alimentación industrial para bebés. Multiplica estos 300€ por 2 millones de niños de 0 A 4 años en toda España.

Las empresas se aprovechan de la tendencia natural de los humanos hacia lo dulce. Es una tendencia heredada de nuestros ancestros, cuyo organismo buscaba alimentos dulces para tener un “chute” de energía rápido y efectivo. Así que cuanto más azúcar tiene un producto, más queremos.

Esto quiere decir que…

Fuente: www.padresrebeldes.com

CÓMO CONSIGUEN ENGAÑARNOS

Cambiando el nombre al azúcar. Me dirás, “pero si en la etiqueta no pone azúcar”. No. Pero es que el azúcar, como decía más arriba, tiene infinitos nombres.

Indicando en la etiqueta 0% azúcares añadidos. Efectivamente, si revisamos la etiqueta en los ingredientes no sale azúcar, pero en la tabla nutricional, ¡sorpresa! Sí, hay azúcares. La gracia es que en los ingredientes, en lugar de azúcar, aparece la palabra “dextrinado” o “hidrolizado”. ¿Y a qué se refiere esta palabreja? En romper las cadenas complejas de carbohidratos del cereal para, supuestamente, facilitar la digestión al niño. Pero lo que se obtiene son carbohidratos de cadena corta, y sobre todo, azúcares. Para ahorrarnos esto… ¿Sabes que si das cereales a un niño de 6 meses (edad en que se introduce la alimentación complementaria), no va a tener problemas en digerir un cereal? Su sistema digestivo ya está preparado para absorberlo.

Realizando acuerdos de colaboración con asociaciones como la AEP (Asocación Española de Pediatría), a cambio de dar su sello a productos. En serio. Casi me da un infarto cuando me dieron en la Seguridad Social (REPITO: SEGURIDAD SOCIAL) la hoja de la alimentación complementaria, y me recomendaban darle yogures “como Mi primer Danone”. ¿Hola?. No daba crédito. ¿En serio me recomiendan que empiece a darle yogures procesados (en lugar de un yogur natural) cuando le estoy dando el pecho?¿En serio me están recomendando una marca?. Cuando investigué un poco, descubrí como Danone financia esta asociación.

Por ejemplo, las nefastas galletas Dinosaurus cuentan con el sello de la AEP. Y es de lo peorcito del mercado. Pero ya sabemos que el dinero mueve el mundo. Más que la salud de nuestros hijos.

Financiando estudios que digan que su producto es sanísimo. Las empresas alimentarias dan beneficios a investigadores a cambio de que el resultado de la investigación sea que el producto procesado es saludable.

El ejemplo de Hero, que consiguió que la AEP concluyera con un estudió que los potitos procesados son igual de buenos que los caseros.

ALIMENTOS QUE CREEMOS QUE SON SANOS PERO QUE NO LO SON

Leche de continuación y crecimiento: ¡PUNTUALIZACIÓN! Ninguna leche de fórmula es mala, pero hay algunas mejores que otras. En muchas fórmulas, además de la lactosa, encontramos maltodextrina, jarabes… ¿Por qué se presentan este tipo de sustancias?¿qué sentido tiene? El azúcar que debe llevar la leche de fórmula principalmente es la lactosa.

Nan Optipro 3 lleva antes maltodextrina que lactosa, el azúcar natural de la leche

Papillas de cereales para bebés: ¿por qué no damos un cereal entero en lugar de comprarlo ya hecho? Los famosos cereales que se comercializan llevan muchísimo azúcar porque sufren el proceso de dextrinación o hidrolización (que he explicado más arriba). Así que, podemos decir que las papillas de 5, 8 o 3543 cereales, no son buenas para nuestros hijos. Es mucho mejor darle quinoa, avena, arroz…

En conclusión: nutricionalmente las papillas de cereales no son buensa por la alta cantidad de azúcar que llevan.

Mi primer…: Aléjate de todo lo que te diga “mi primer”. Engañan. Siempre. Además, los niños no necesitan este tipos de alimentos.

Por ejemplo, Mi Primer Danone (se puede empezar a ofrecer yogur a partir de los 9 meses, remarco el puede porque no es obligatorio, el yogur no debe sustituir tomas de leche materna). La última fórmula ha mejorado bastante (eso quiere decir que la anterior, era mala, así que no me da ninguna fiabilidad).  ¿Por qué en lugar de su primer Danone con 65413547 ingredientes, no damos mejor un Yogur natural? Mi primer Danone un ultraprocesado con diferentes compuestos, los cuales no sabemos muy bien qué son ni por qué es bueno que un bebé tome (almidón modificado de maíz, maltodextrina…).

Etiqueta de la fórmula «mejorada» de mi Primer danone
Etiqueta de yogur natural

Otro ejemplo, mi primera galleta sin gluten de Hero Baby. 24gr de azúcar por 100 gr de producto. No hace falta que diga nada más.

Otro ejemplo, Mi primer Cola Cao. 36gr de azúcar por 100gr. Y encima, está avalado por la SEPEAP (forma parte de la AEP).

Zumos. Los zumos que vienen en tetrabrick los tacharía totalmente de mi lista. Pero… ¿y los exprimidos en casa? Tampoco te los recomiendo. Cuando liberamos a la fruta de su matriz, el azúcar intrínseco se convierte en azúcar libre que al estar en formato líquido es absorbido rápidamente por el cuerpo. Esto produce una respuesta insulínica rápida, favoreciendo la diabetes y la obesidad. Por lo tanto, la fruta, mejor en gajos.

Galletas para bebés. Me sabe mal, pero no existen galletas procesadas buenas. Ni para adultos ni para niños. Las únicas galletas “saludables” son las que hacemos en casa, sin azúcares añadidos. Aún no he encontrado ninguna buena empaquetada del super mercado.

Las Galletas Almiron (desde los 4 meses en biberón) son un despropósito: no solo te dicen que puedes darlas desde los 4 MESES (cuando debería promoverse la LME hasta los 6 meses), sino que lleva 25.3gr de azúcar (el 2º ingrediente del producto es sacarosa, pero además lleva sirope de fructosa) y por si fuera poco, también le ponen aceite de palma.

Potitos: la etiqueta de los potitos, miente. Cuando vemos el cartel que indica “Potito de arroz y pollo”, realmente tiene un 10% de arroz y un 5% de pollo. Y el 57% es agua, así que debería de decir “Potito de agua con un poco de arroz y pollo”. Se reduce pues, la calidad nutricional ya que las carnes que se añaden no son las de mejor calidad, y encima, le añaden aditivos. Por eso, es mucho mejor que le hagas tú los triturados en casa.

Ingredientes de Hero Baby arroz con pollo. Agua con algo de pollo.

RECOMENDACIONES

-Intenta que tu hijo no ingiera o que ingiera los mínimos azúcares añadidos hasta por lo menos hasta los 2-3 años (ojalá pudiese vivir toda su vida sin ellos, pero es algo imposible en nuestra sociedad). Los primeros 1.000 días de alimentación de un niño son la clave para una futura vida sana.

-Intenta ofrecer siempre alimentos sanos, no procesados, ni ultraprocesados. Los alimentos sanos ya tienen todas las vitaminas que tu hijo necesita.

-No tengas productos insanos en casa. Si en casa no hay nunca galletitas, no tendrá normalizado su consumo, así que, si alguna vez lo come, entenderá que son alimentos que deben consumirse de manera esporádica.

-Ningún alimento “especial para bebés” es bueno. Ni tampoco ninguno que lleve el sello de la AEP. Los alimentos realmente sanos, no necesitan de este sello.

-Todo lo que puedas hacer en casa, siempre va a ser mejor que lo procesado

-Para endulzar intenta evitar el azúcar. Para la repostería, por ejemplo, uso mucho la pasta de dátiles.

-Aprende a leer etiquetas, para que no te puedan engañar.

-Sobre todo, oídos sordos a los que te dicen que le estás robando la infancia a tu hijo por no dejarle disfrutar de chocolate, galletas María y mi***as varias. Le estás dando un regalo. Estás educando su paladar para que disfrute con alimentos sanos. Le estás dando la oportunidad de que tenga una educación alimentaria adecuada y le estás regalando una vida más saludable.

Espero haberte ayudado a disipar dudas con este post, un poquito más extenso de lo normal, pero muy necesario para que no nos engañen y podamos decir con información veraz, qué les damos a nuestros hijos.

¡Muchos besos de esquimal!

Silvia.

Moderna de pueblo

Estoy preocupada. Y siento frustración y, en cierta parte, rabia.

Mi cara al analizar la viñeta de Moderna de Pueblo

Estos sentimientos se deben a la última viñeta de “Moderna de pueblo” (link aquí, si no la habéis visto). No me preocupa la viñeta en sí, que en un inicio me ha hecho hasta gracia, porque sé lo que es la sátira y sé lo que es la crianza respetuosa. Lo que me preocupa es la desinformación que hay al respecto de este tipo de crianza y la disciplina positiva.

Analizando la viñeta, me preocupa que Raquel Córcoles meta en el mismo saco a las personas que utilizamos la crianza respetuosa con, por ejemplo, “los antivacunas” (un problema de salud pública). Y es alarmante que, con el gran alcance que tiene, haga llegar este contenido a una sociedad totalmente desinformada en estos temas.

Pero más preocupada estoy por la cantidad de comentarios que fomentan y alaban criar mediante la violencia. Y sí. He dicho violencia. Porque un cachete es violencia. Porque una amenaza es violencia. Pero ésto os lo cuento más adelante.

Escribo este post desde la frustración y la pena. Es más bien un desahogo, pero que espero que pueda ser útil para corregir ideas erróneas.

Empezaré por explicar los errores y confusiones que puede acarrear la viñeta a las personas que no saben qué es la crianza respetuosa:

  1. Ni azúcar, ni gluten. Primer error: comparar azúcar y gluten. ¿En serio?¿sabéis que el azúcar es más adictivo que drogas como la cocaína?¿sabéis la cantidad de productos procesados que llevan cantidades ingentes de azúcar para que nos “enganchemos” a ellos?¿y sabéis las consecuencias del azúcar en la salud (riesgo de obesidad, de padecer diabetes, cáncer, problemas cardíacos, hipertensión, etc)?

Así pues, no veo que tiene de malo intentar dosificar las dosis de azúcar añadido de los alimentos. Y eso no quiere decir que jamás se de a probar azúcar al niño (cosa totalmente imposible en nuestra sociedad). Pero no creo que deba ser algo a tomarse a “broma” ni debería criticarse a los padres que intentamos evitar su consumo al máximo. “Por un día McDonalds no pasa nada”. No. Claro que no. ¿Pero sabes la cantidad de azúcar que lleva ese brick de zumo de naranja que les das a tu hijo creyendo que es sano?¿sabes la cantidad de azúcar que llevan las galletas que te venden “para niños y con (supuestamente) mogollón de vitaminas y súper sanas? MUCHÍSIMO. Haré un post proximamente sobre la azúcar y la industria alimentaria infantil.

Entonces, por un día McDonalds, no pasa nada, pero es que diariamente les damos a los niños el doble de la dosis de azúcar que la OMS recomienda no superar.

La OMS recomienda en lactantes de 0-2 años dar 0 gr de azúcar. Y en niños, recomienda no superar 3 cucharaditas de postre.

En cuanto al gluten. No tiene nada que ver con el azúcar. El gluten es tóxico para aquellas personas intolerantes. Así que no dar azúcar, no es lo mismo que no dar gluten. No podemos compararlo y no podemos decir que los padres que deciden no dar azúcar a sus hijos, no les den gluten.

2. Pseudociencias. Segundo error. ¿En serio se compara dar alimentos saludables con hacer uso de pseudociencias? Todavía no he conocido a NADIE que intente criar de manera respetuosa o evitando el azúcar y que confíe en flores de Bach. O que use la homeopatía. Más bien al contrario. Las personas que promueven la crianza respetuosa, habitualmente, tienen conocimientos mínimos sobre salud.

3. Ni píldoras ni vacunas. Esto sí que lo percibo una falta de respeto. Y además un tercer error que deja a las personas que aplican la crianza respetuosa como si quisiéramos poner en peligro la salud de nuestros hijos y la de los demás. Que a los que intentamos evitar el azúcar en la dieta de nuestros hijos, nos traten como si fuésemos antivacunas es vergonzoso. O muy “mala baba” o mucha desinformación. Más que nada, que ya sabemos que las vacunas son buenas. Lo que sucede es que tal vez la sociedad, no sabe lo malo que puede llegar a ser el azúcar.

4. Nunca le decimos NO. Cuarto error. Y que pone en evidencia que Raquel no tiene ni idea de en qué consiste educar en positivo. No poner límites, es un tipo de autoridad llamada “laissez-faire”y es un modelo que para nada compartimos.

Criar con disciplina positiva, obviamente niega cosas. No hacerlo, sería una falta de respeto para el propio niño, que para un desarrollo seguro, necesita límites. Pero que el «no» se use de manera distinta a lo que estamos habituados, no quiere decir que no se use. No es lo mismo decir “no y punto”, “no porque lo digo yo”, que darle una explicación, o dialogar.

El NO se usa cuando realmente es necesario. Diariamente los niños reciben una cantidad de “no” ingente. ¿Cómo te sentirías si te dijeran constantemente: «no toques esto», «no hables», «no cojas así el bolígrafo», «no puedes ver la TV”? Al final aborrecerías el no. Hasta el punto que no le darías la importancia que tiene. Así pues, creo que es mejor reservar el “no” (como tal) para situaciones totalmente incuestionables (“no se pega a un compañero”). Para comportamientos más banales (cómo coger un bolígrafo), para cosas que no ponen en peligro la seguridad del niño o que no influyen en el bienestar de otras personas, se pueden emplear otros métodos (haré un post también de otros métodos alternativos para educar con límites).

Se critica a una sociedad sumisa y que no cuestiona a la autoridad ni se rebela por sus ideales, sin embargo queremos educar niños que nos obedezcan sin más y a la primera, sin una explicación.

Una vez analizada la viñeta, algo que me ha parecido muy grave es la cantidad de comentarios alabando la violencia. Intentaré englobar algunos y dar una respuesta:

Un tortazo a tiempo tampoco va tan mal (con 190 me gustas al comentario). Quiero que nos planteásemos que ésto lo dijera un hombre, sobre una mujer. ¿Qué sucedería? Estaríamos poniendo el grito en el cielo. Entonces, ¿por qué lo aceptamos en un niño?¿A caso un niño es menos que otro ciudadano?

El 95% de los padres son cretinos / Ésto son gilipolleces varias. Este tipo de comentarios son un claro ejemplo de porqué quiero educar a Sofía en el respeto. Para que el día de mañana mi hija sea tolerante con opiniones distintas a las suyas y no falte al respeto por el simple hecho de que piensen diferente a ella.

A cualquier cosa se le llama violencia. No. A cualquier cosa no. La violencia es “el uso de la fuerza física o amenazas para conseguir un fin”. Así que sí, pegar a un niño (en el culete o en la mano) es violento. Frases amenazantes como “cómo no te portes bien, verás…” también es violento.

Otra cosa es que en la sociedad en la que vivimos esté normalizado usar la violencia en los niños. Seguramente, si un hombre dijese “bueno, a mi mujer de vez en cuando le doy un bofetón y no pasa nada”, nos alarmaríamos y nos echaríamos las manos a la cabeza.

Menos criar en positivo y más enseñar a respetar. Una incongruencia. Si se cría en positivo le enseñas precisamente ésto. A respetarse a sí mismo y a los demás. Pero hay tanta desinformación que se cree que la disciplina positiva consiste en educar a niños tiranos que son el centro del universo. ¿Si tu le enseñas a tu hijo con un grito, como pretendes que él luego no le grite a otra persona?

Me han criado con zurras y estoy orgulloso de cómo lo han hecho porque soy buena persona. No. No y no. No eres buena persona por criarte con zurras. Eres buena persona a pesar de haberte criado con zurras. No quiere decir que tus padres lo hayan hecho fatal, no te quieran o que hayan sido maltratadores. Quiere decir que nadie es perfecto y que en eso, tus padres pueden haberse equivocado. Antes, se educaba así, pero la sociedad evoluciona y aprende. Antes también estaba aceptado pegar a las mujeres y no por eso quiere decir que esté bien.

Además, no tiene mucho sentido. Si tu pegas a un niño para educarle, ¿cómo quieres que luego él no pegue a sus compañeros?

Hay que educar más en la empatía y menos en el no consumir azúcar. A ver. Son dos conceptos diferentes y no tienen porqué estar relacionados.
a) Puedo educar en la empatía y evitar el consumo de azúcar.
b) Puedo no educar en ninguna de las dos cosas.
c) Puedo dar azúcar y no educar en la empatía.
d) Puedo educar en la empatía y darle KFC a mi hijo para cenar cada noche.

De todos modos, en muchas ocasiones, se exige que niños de edades muy tempranas hayan desarrollado la empatía. Dato importante: hasta (más o menos) los 3 años, los niños no entienden que las personas sienten emociones distintas a las suyas y no es hasta los 6 años que empiezan a comprender que cada individuo tiene su propia historia.

También cabe decir que los adultos somos los modelos de los niños. Si nosotros no mostramos respeto y empatía, por más que se la exijamos, ellos no la van a desarrollar.

Si exiges a un niño que se porte bien, sin preguntarte porqué se está portando “mal”, el niño jamás se preocupará por lo que siente el otro.

En fin. Queda mucho trabajo por hacer, pero si te has decantado por este tipo de crianza, por favor, que nadie te haga dudar de que lo estás haciendo bien. El tiempo te dará la razón. Estoy segura.

¡Muchos besos de esquimal!

Silvia.

¿Todavía no? Pues mi hijo…

-¿Todavía no gatea? La mía gateaba a los 6 meses
-¿Aún no dice mamá? La mía hablaba desde los 7 meses
-¿No se pone de pie? Tengo una amiga que su hijo a los 9 meses ya corría.
-¿Pero aún no duerme sola? Yo a los 5 meses lo saqué de mi habitación y dormía la noche entera

Casi siempre te vas a encontrar con algún espécimen de este tipo. Los “comparadores profesionales”.

Perfil del comparador profesional

Habitualmente alguien que ya ha estrenado m/pateridad antes que tú. Aunque podemos encontrar otros perfiles ya que, como bien sabéis, todo el mundo tiene licencia para opinar libremente sobre cómo ejerces la maternidad.

Cabe decir que los comparadores profesionales tienen recuerdos borrosos. Sus hijo con 7 meses ya iban en bici, a los 9 debatía sobre empirismo y racionalismo y si me apuras, al año te resolvía raíces cuadradas. Vale exagero. Pero sí que es cierto que:

  1. Es imposible que te acuerdes de la edad exacta a la que tu hijo va cumpliendo todos los hitos del desarrollo (por Dios, que el otro día me preguntaron cuando se empezó a quedarse Sofía sentada y yo no sabía si era a los 6, 6 y medio, 7… y tiene 8 meses de vida).
  2. No es lo mismo empezar a hacer algo que hacer algo. Que si nos ponemos serios Sofía empezó a decir “mamá” a los 4 meses. Pero lo repetía mucho “mamamamamama” y se lo decía a cualquiera que pasase por ahí. Sí, decía mamá, pero no con sentido de la palabra.

Modus operandi

De manera supuestamente inocente, te preguntan si tu hijo ya ha cumplido algún hito del desarrollo que ELLOS consideran normal para su edad. Como respondas que no… Te saltan con la coletilla:

“¿No?”, “¿Todavía no?, “¿Aún no?»
+
“Pues el mio a los (X días/meses/años) ya….”

Al ver tu cara de agobio/cabreo/molestia/indiferencia seguramente te soltarán “pero no te preocupes eh, que cada niño tiene su ritmo”.

Ejemplo verídico del otro día. Madre de X saca el tema de dormir:

-¿Y dónde duerme Sofía?
-En medio
-Ui… ¿todavía? Pues X duerme solo desde los 5 meses y, además del tirón.

Mi cara:

Consecuencias

Le das un pin, una mala cara, y en casos extremos quieres darle una bofetada. Pero estamos intentando aplicar la disciplina positiva y la crianza respetuosa, así que intentemos evitar ésto último, que no sería un buen ejemplo.

Los comparadores profesionales pueden hacerte sentir preocupado/a y agobiado/a. ¿Estaré haciendo algo mal?, ¿tiene algún problema en su desarrollo? La respuesta a ésto es sencilla. Si tu pediatra no te ha dicho nada en las revisiones, tu hijo está estupendo.

Y yo me pregunto, entonces, si no te he preguntado ¿para qué me lo sueltas?. En serio, sigo sin saber qué pretenden conseguir comparando a mi hija con la suya. Tal vez quieren hacer del desarrollo una competición, hacer ver que su hijo está adelantado y por lo tanto, es muy listo (lo cual, por cierto, es un error pensarlo).

¿Qué podemos hacer al respecto?

Que te entre por un oído y te salga por el otro. Yo ni contesto este tipo de comentarios. A ver, no saquemos las cosas de contexto, que me pregunten si Sofía hace algo, es la mar de normal. O que me cuenten una novedad de otro niño, me parece genial. Lo que veo fuera de lugar es el “pues mi Amparito bla bla bla”. Esos comentarios son los que ignoro. Así la otra persona, se puede dar cuenta de lo innecesaria que es su aportación. Sobre todo si quién te lo dice no es un profesional de la psicología infantil, la educación infantil o personal médico.

No compares. Está claro que todos queremos un hijo 10. Y se entiende que es un hijo 10 si puede hacer algo lo antes posible. Pero, ¿por qué?, ¿crecer es una carrera o algo que debe disfrutarse?

Jamás compares a tu hijo con otro niño. Es difícil, siempre habrá niños que gateen antes, que hablen antes, que coman mejor, que duerman solos. Pero tu hijo es único y tiene sus propias habilidades que irá desarrollando.

Lo único que conseguimos con la comparación es dañar el autoestima de nuestros hijos, fomentar la rivalidad y crear sentimientos de celosía.

No te justifiques, ni justifiques a tu hijo. A veces, caemos en el… “bueno, aún no habla por que es tímido”, “bueno… no gatea, pero aplaude”, “bueno no hace ésto pero hace esto otro”. Intentamos justificar(nos). ¿Por qué? ¿qué necesidad? Si tu hijo no hace algo, no lo hace y punto. No es mejor ni peor por ello. Ya lo hará cuando esté preparado o cuando necesite hacerlo.

Respeto y apoyo. En la crianza respetuosa, debemos respetar al niño. Y eso incluye respetar sus ritmos. No debemos forzarles, ni presionarles a hacer cosas para las que no están preparados (retirar el pañal, caminar, mantenerse erguido, dormir solo, leer…). Transmitamos calma, paciencia y amor para que el aprendizaje no tenga un coste negativo a nivel emocional. Piensa que cualquier experiencia puede afectar a la autopercepción del niño. Así pues, si presionamos al niño para que abandone el pañal cuando no está preparado, podemos hacerle sentir inútil o poco espabilado. Y ésto, a largo plazo, tiene consecuencias.

No aceleremos su ritmo y adáptate tú al suyo. Vivimos en una sociedad en que lo queremos todo para ayer. Y ésto hace que los niños puedan sentirse abrumados por no ir al ritmo de las expectativas de su entorno. Ésto les puede generar estrés, presión, vergüenza… Seamos sus padres quiénes nos adaptemos a ellos y hagamos que se sientan seguros. Relájate y disfruta observando cómo va alcanzando logros a su ritmo, en vez de querer que corra para que no sea «menos» que otros niños.

Confía en tu hijo y no tengas prisa.

Pd. Si realmente crees que existe un retraso en el desarrollo en tu hijo, no te recomiendo consultarlo con otros padres o madres, ves directamente al pediatra.

¡Muchos besos de esquimal!

Silvia.

¿Mamitis? ¡Enhorabuena!

Hoy quería hablar de algo que me tenía un poco agotada. Últimamente no paro de escuchar que Sofía tiene “mamitis”.

¿Y sabes por qué tiene (supuestamente) “mamitis”?

Porque quiere estar conmigo antes que con personas que no conoce.

No paro de escuchar cosas como éstas:

¡Qué mamitis tiene esta niña!
-¿Por qué llora, si soy su (tía, abuela, vecino…)? Vaya mamitis tiene…
-Déjala que llore, que tiene mucha mamitis
-Me tienes que dejar a la niña para que se acostumbre a estar sin tí
-Qué mal acostumbrada está… La tienes demasiado enmadrada

Reconozco que me lo tomaba fatal.

Primero, porque ¿quién se cree “X” que es para opinar sobre la relación entre mi hijo y yo?

Segundo, porque “mamitis” tiene una connotación negativa. Se define como una dependencia “excesiva” del niño hacia la madre. Y hace referencia a niños muy mimados, consentidos e incapaces de valerse por sí mismos.

Pero a ver.

“Un poquito de por favor”.

Vamos a centrarnos.

¿Qué esperamos de un bebé?¿Qué esperamos de un niño pequeño?

¿En serio la gente pretende que mi hija de 8 meses se quiera ir con alguien que ha visto 4 veces en su vida, antes que estar con su madre?

Llamar a eso “mamitis” es egoísmo puro. Es la manera en que el adulto manifiesta la frustración por no satisfacer su necesidad de coger al bebé. O sea, que para que mi hija no tenga “mamitis” he de anteponer el bienestar de cualquier persona antes que la de un bebé.

Pues ¿sabéis qué?

Que ya pueden decir que Sofía tiene “mamitis” todas las veces que quieran, que mi hija no va a ir con quien ella no quiera. No va a sufrir por cubrir la necesidad de un adulto de achucharla (ya sea su abuela, tío, primo o amigo).

Pero, el problema es que los “opinólogos” opinan. Y normalmente opinan sin tener ni idea. Y si somos madres primerizas e inexpertas, corremos el riesgo de hacer caso a los famosos “que llore, que se ha de acostumbrar a estar sin tí”.

Así que el post de hoy va para esas madres que os hacen dudar de si hacéis lo correcto al responder de inmediato al llanto del bebé que es separado de ellas.

Y lo primero que te voy a decir es… ¿te han dicho que tu hijo tiene “mamitis”?¡Enhorabuena! Señal de que estáis haciendo las cosas bien.

La “mamitis” o, más correctamente llamada “ansiedad de separación”, es una etapa por la que pasan la mayoría de los niños a partir de los 8 meses (más o menos). Es cuando el niño empieza a darse cuenta de que es un ser distinto a su madre. Empieza a aprender que no siempre puede estar acompañado de ella. Y esto da mucho miedo porque quiere decir que habrá momentos de soledad. Y su instinto le dice que es peligroso estar solo. Y todavía de más miedo si no puede entender si su madre se separa de él 5 minutos, 1 hora o 1 día o ni siquiera volverá…

Piensa en la sensación que experimentarías si de repente pierdes de vista a tu hijo en la playa. No lo ves, no te ha dicho dónde iba, no sabes cuándo volverá. Seguramente, te pondrías (como mínimo) un poco nerviosa hasta que lo vuelvas a ver. Pues ahí lo tienes. Esa sensación es muy parecida a la que experimenta un bebé si lo separas de su madre.

Que tu hijo quiera estar contigo por encima de todo, quiere decir que estáis construyendo un vínculo de apego seguro . Este tipo de apego es aquél en que el niño se siente seguro y confía en su cuidador. En contra de lo que se puede pensar, esta dependencia de la madre, hará que el niño sea más independiente en un futuro. Si sabe que su madre está cerca para salvarlo de cualquier peligro o daño, se sentirá seguro para explorar el entorno. Y poco a poco, irá necesitando menos de ella.

Pero si hacemos caso de los “opinólogos” que te dicen cosas como “no lo cojas si llora, que se ha de curtir”, corremos el riesgo de crear un vínculo de apego inseguro.

Es decir, si a un niño a veces lo dejas llorar para que “se curta”, otras veces respondes de inmediato a sus necesidades y otras veces respondes pero con desgana, no va a saber cuándo puede contar contigo y cuándo no. Y obviamente, ante la duda, mejor no lanzarse a explorar. Y así, queriendo criar a niños autónomos, estamos criando todo lo contrario. Niños dependientes, niños pasivos. Niños que prefieren no separarse nunca de su madre porque no saben si va a volver.

Hay muchas personas que no lo entienden. Para ellos, propongo un ejercicio que tiende a funcionar. Pongamos por ejemplo, que vas a hacer un safari. ¿Podrías indicarme en qué circunstancia te sentirías más seguro?

1.Con un guía experto y bien equipado contigo en el Jeep
2.Con 4 turistas que no conoces y el guía experto en otro Jeep
3.Con 4 turistas que no conoces y sin guía experto.
4.Tú solo, sin guía, ni otros turistas

Normalmente, respondemos que la que más seguros nos hace sentir es la opción 1. Teniendo al guía lo más cerca posible, podemos disfrutar de explorar y aprender de la naturaleza sin miedo, ya que sabemos que en caso de un peligro, el guía se asegurará de que no nos pase nada.

Y ahora… ¿Hay alguna situación en la que te atreverías con el resto de opciones?

Normalmente, la gente se atrevería con la opción 2 en recorridos que ya conocen y que saben que no son peligrosos.

¿Te sentirías capaz de explorar la savana en la opción 3 o 4? Seguramente, preferirías posponer el safari, aunque te digan que uno de los turistas es la persona más valiente del mundo.

Pues para el bebé, su entorno es la savana, el guía es su madre y los turistas son familiares o amigos que no conoce suficiente. ¿Verdad que no obligarías a alguien a la opción 3 para que se haga mas valiente? ¡No tiene sentido! Pues tampoco lo tiene que un niño tenga que sufrir para que se haga más independiente.

Así que lo más normal, natural, lógico y lo más sano del mundo, es que el niño quiera estar cerca de su madre. Es pura supervivencia, ya que siente que si no está cerca de sus seres queridos, podría estar en peligro. Poco a poco, el niño se irá haciendo más independiente en circunstancias conocidas. Y volverá necesitar estar pegado a “mamá” cuando se encuentre en situaciones poco habituales.

De modo que, mi consejo, es que no “lo curtas” dejándolo llorar o obligándole a estar con quien no quiere. No permitas que nadie te diga que tu hijo debe desengancharse de tí, que está demasiado apegado o que no puede ser que solo se calme contigo. Sigue tu instinto, porque lo estás haciendo bien.

Y cuando te digan que tu hijo tiene “mamitis”, sonríe. Sin que lo sepan, te están halagando.

¡Muchos besos de esquimal!

Silvia.

(!) Apunte: he usado el término “madre” por ser el origen de la palabra “mamitis”, pero entiéndase que me refiero al “cuidador principal”.

¿Qué consecuencias tienen los castigos?

Antes de empezar a hablarte de las (posibles) consecuencias de educar basándonos en los castigos, me gustaría que reflexionaras un momento.

Casi seguro que alguna vez te han castigado.

Intenta cerrar los ojos y vuelve a ese momento en que tu madre, padre, abuelo, tío o tía te castigó.

¿Puedes recordar qué pensamientos, emociones o sentimientos generó en tí ese castigo?

Enumera 3.

Mi caso: rabia, frustración, injusticia.

Me alegraría mucho que se te ocurriera alguna de las siguientes: reflexión, aprendizaje, respeto, comprensión, empatía. Y si se te ocurren, ¡genial! Pero normalmente, no surgen palabras positivas.

Para continuar, me gustaría que reflexionaras si realmente es útil castigar.

Piensa en una situación que te castigasen. ¿De verdad nunca se volvió a repetir esa conducta?

Cuando era adolescente me castigaron por beber acohol. ¿Creéis que volví a beber o que no?. Tengo un amigo al que le castigaron por suspender un examen. ¿Creéis que no volvió a suspender?. Tengo un familiar al que el policía ha multado por exceso de velocidad, ¿creéis que siempre respeta los límites de velocidad?

Pues os voy a contar que…

Me gusta mucho la cerveza, el vino y tomarme un «Gin» después de comilonas con amigos (aunque desde que me quedé embarazada, no he vuelto a beber).

Mi amigo repitió curso. Dos veces.

A mi familiar le llegó de nuevo una multa por velocidad. 

Eso sí. 

No llegué a casa nunca más oliendo a alcohol. 

Ese amigo aprobó el siguiente examen. 

Y delante de la policía o dónde sabe que hay radares, mi familiar respeta los límites de velocidad.

Pero entonces, si cuando nos castigan, la conducta que consideramos «inadecuada» no acostumbra a cambiar «para siempre»… ¿qué es lo que obtenemos de ellos?

Resultados a corto plazo pero no permanentes: la conducta «no adecuada» desaparece de inmediato. Pero al no desaparecer por una motivación intrínseca del niño, sino por evitar que un «tercero» le quite un privilegio… ¿Qué pasará si este tercero no está presente o ya no tiene el poder de imponer un castigo? Lo más seguro es que esa conducta inadecuada vuelva a aparecer. 

Pasividad: el niño basa su toma de decisiones en lo que su entorno considera adecuado y en base a lo que el adulto impone, no en lo que el valora que es adecuado. Con ello, impedimos que desarrolle su capacidad de reflexionar y decidir. Así que, poco a poco, se vuelve pasivo ante el entorno y espera que los demás le digan cómo debe actuar. 

Sumisión: pongamos por caso que tu hijo/a ya es mayor y organiza una comida para presentarte a su pareja. Y su pareja se pasa la comida diciéndole cómo debe actuar, cuánto debe comer, qué debe beber, qué debe decir, e incluso cómo debe pensar. Y tu hijo/a en vez de decidir por si mismo, acata las pautas de su pareja, ¿te sentirías molesto o preocupado por su bienestar? Seguramente, sí. Seguramente, no te haría ni puñetera gracia que alguien tenga ese poder «dominante» sobre tu hijo. Pues con los castigos pueden aprender precisamente esto. Que un tercero tiene derecho a mandar en su vida. 

Barreras en la comunicación: si un niño sabe que cuando actúa «mal» va a obtener una consecuencia negativa, intentará evitar relacionarse con la figura de autoridad u ocultarle por todos los medios su acción. Así pues, en lugar de acudir a un padre para consejo o ayuda, acudirá a un amigo, que no siempre ofrecerá el soporte más recomendable. 

Dificultades de adaptación : el niño normalizará que él puede ejercer poder sobre los más débiles y que los más fuertes pueden ejercer poder sobre él. Entenderá que las relaciones se basan en someter al otro, en lugar de en la cooperación y que tener el poder implica tener la razón. Aceptan que «quien bien te quiere te hará llorar». 

Rebeldía y venganza: una educación que se basa en los castigos e imposiciones, genera relaciones basadas en el miedo, en lugar de en el respeto mutuo. El niño castigado se siente incomprendido, siente que no se le tiene en cuenta y que no se le escucha. Y eso genera mucha rabia. De hecho, muchos castigos no se harían efectivos si se hablase con él para conocer el motivo de su conducta y lo escucháramos de manera activa y con empatía.
Cada castigo suma un poco más en esta acumulación de rabia y llega un día en que, cuando son suficientemente independientes y un adulto ya no puede ejercer ese poder autoritario sobre él, la acumulación de ira puede explotar. Y explota en forma de rebeldía y de querer una revancha. Necesitan reafirmarse y, a veces y de manera inconsciente, demostrar que ya no pueden mandarle. Han aprendido que las relaciones se basan en que el fuerte somete al débil y él no quiere ser el débil de la casa. 

Baja autoestima: castigar al niño por lo que piensa, por sus decisiones, emociones y acciones genera un sentimiento de incapacidad, inseguridad en uno mismo e inferioridad que terminan haciendo mella en su autoconcepto. Plantéate si en tu trabajo, cada decisión que tomases fuera criticada o penalizada por tu jefe haciéndote hacer horas extra ¿Cómo te sentirías? Seguramente, acabarías sintiendo que no encajas en ese trabajo, que no aportas nada bueno a la empresa. Pues lo mismo sucede con el niño, pero aún peor, porque recibe esos sentimientos de invalidez de sus padres, las personas de las que debería recibir amor incondicional.

Adultos sin criterio propio: un niño que se acostumbra a hacer lo que se le dice sin cuestionar, se le dificulta la posibilidad de desarrollar criterio propio. Será incapaz de hacerse responsable de sus acciones. No podrá actuar en función de sus intereses, principios y valores, sino sus actos serán en función de las consecuencias externas que le imponga su entorno.

Adultos con tendencia a la ira y a la depresión: normalmente, una mala conducta de un niño es solo es la punta del iceberg. Detrás de una mala conducta se esconde una emoción que puede ser difícil de gestionar para él. Si nosotros, en lugar de acompañar y comprender en esa emoción, lo que hacemos es cortarla de raíz con un castigo (por ejemplo, castigarle por una rabieta), lo que estamos haciendo es impedir que aprendan a autorregular estas emociones. De modo que, al crecer se sentirán indefensos ante las mismas y no sabrán manejarlas. Se sentirán desbordados y descontrolados. Y de ahí pueden surgir problemas de control de la ira, agresividad o depresión.

¡No me malinterpretéis!

No quiero decir que si a ti te han castigado seas una persona sumisa, pasiva y desconfiada o descontrolada (podría entrar aquí en hablaros de las bases genéticas y las influencias ambientales, pero estaríamos un buen rato).

Lo que quiero decir es que si estamos viendo que un castigo solo ejerce modificaciones en la acción pero no en el origen que ha llevado al niño a realizarla y, sin embargo, existe riesgo de que se den consecuencias negativas en el desarrollo de la personalidad…

¿Por qué no probamos con otros modos de educar?

Próximamente colgaré un post sobre las herramientas que tiene la disciplina positiva para manejar los límites sin castigos o premios. Pero si queréis ir empezando, el truco está en tratar al niño como os gustaría que os tratasen a vosotros. 

¿Hacemos un nuevo ejercicio para ver, de manera práctica, qué es lo que os quiero decir?

Plantéate que llegas a casa de trabajar. Es un día de lluvia y llegas muy mojado. Es la hora de cenar y X (tu pareja, compañero de piso, madre, padre… con quien sea que vives) te recibe muy tenso/a porque en todo el día no ha parado de hacer cosas y está extremadamente cansado/a:

-«Estoy muy cansado/a, no he parado de hacer cosas en todo el día y aún tengo que acabar de preparar la cena. No puedo más hoy». 

Así que tú, con toda tu buena fe, te quitas los zapatos y la ropa de calle.

Para no mojar todo el suelo e ir lo más rápido posible, decides dejarla en un lado del pasillo y ya la tenderás luego. Así puedes ir más rápido a ponerte un chándal y a preparar la mesa. Así X podrá descansar. 

Vas a la cocina… 

Coges los platos…

Te diriges a la mesa…

Pero por el camino, tienes la mala suerte que te resbalas con la ropa que has dejado en el pasillo. 

Y se te caen los platos al suelo. Y se te rompen. 

Propongo que analices tus sentimientos ante dos maneras de reaccionar de X: 

Frase 1: – Es que nunca tienes cuidado. Has llegado, te has puesto cómodo y vas como los burros, sin fijarte en nada. ¡Y encima dejas todo ese montón de ropa ahí tirado en medio del pasillo! Estoy tan enfadado/a que mañana, que íbamos a ir al cine, ya no vamos a ir y vas a quedarte en casa limpiándola entera.

¿Qué piensas de esa reacción?
¿Por qué X te habla así, si tú solo querías ayudar?
¿Quién se cree X que es para obligarte a quedarte en casa limpiando?¿Querrás volver a ayudar a X?
¿Qué sentimientos aflorarán en ti hacia X?
¿Crees que tu atención se dirigirá más hacia la rabia de su incomprensión o en intentar no dejar más la ropa en medio del pasillo (aunque al principio te pareciese una buena idea)?

Frase 2: -¡¿Te has hecho daño?¡Sé que estabas intentando ayudarme y te lo agradezco mucho!, ¡Venga, que te ayudo a recoger! Puede ser peligroso dejar cosas en medio del paso porque podrías haberte hecho daño.¿La próxima vez, podrías intentar dejar la ropa en la galería? 

¿Qué reacción va a causar en ti esta segunda frase?
¿Qué crees que es lo más importante para X, los platos, la ropa o tu bienestar?
¿Tus emociones se centrarán en la actitud de X o en intentar que no se repita aquello en lo que te has equivocado?
¿Querrás aprender de lo que has fallado para ser más cooperador en casa o querrás perder de vista a X?

Si a nosotros nos gusta que nos traten como en la segunda frase, ¿por qué deberíamos tratar a los niños como en la primera?

Y para ir concluyendo el post de hoy, os dejo una frase que leí en internet y que dice así:

«Un día tu hijo meterá la pata. Si ese día corre hacia ti en lugar de huir de ti, entenderás el valor de la disciplina positiva«. 

¡Muchos besos de esquimal!

Silvia. 

¿Cómo aplicamos nosotras el BLW?

Sofía tiene casi 8 meses.
Llevamos casi 2 meses aplicando el Baby Led Weaning (BLW).
Y por instagram (@mamacontacones), muchos me preguntáis cómo podéis empezar, qué consejos puedo daros y cómo lo hemos hecho nosotras.

Sofía disfrutando de una tortilla de patatas

El BLW tiene unos requisitos incuestionables que SIEMPRE deben cumplirse, por ejemplo, las normas de seguridad o las normas sobre la presentación de alimentos. Pero hay otras recomendaciones que he adaptado a las necesidades de Sofía y a las circunstancias de la familia. Como digo siempre, cada niño es un mundo y cada familia también, así que hay que adaptarse a lo que le funciona a cada uno. De modo que, si usamos el sentido común, considero que en algunos aspectos, se puede tener un poco de manga ancha. 

Hoy quiero explicar qué normas hemos adaptado a nosotras. Sofía empieza a comer «bastante». Con «bastante», me refiero a que la veo comer, que cuando tiene hambre se nota en el plato. Hasta hace poquito solo la veía marranear y si tenía suerte, algo caía en la boca. Ahora ya gestiona los trozos, los mastica y los traga. Ella elige qué quiere en cada momento (puede ser que empiece por el postre y que luego le apetezca la verdura y después volver otra vez al postre), la cantidad que quiere y cuándo lo quiere. Que puede ser que entre bocado y bocado pasen 5 minutos, pero lo importante es que ella se autogestiona. 

Sofía se autorregula y como no quería más macarrones, se los da a Nala

Tal vez, si cumpliera todas las recomendaciones de manera estricta, iría incluso mejor. O tal vez, yo estaría más «estresada» y no disfrutaría de este proceso. Y recordemos que disfrutar, es también un requisito esencial para aplicar el BLW. 

Así que… ¡Empezamos!

Lo primero y antes de empezar a detallaros mi experiencia, lo que todos los que aplicamos el BLW debemos hacer es: FORMARNOS E INFORMARNOS. No te aconsejo que te leas 2 blogs de vete-tú-a-saber-quién (me incluyo) y te lances a la aventura. El BLW es un método maravilloso y divertidísimo, pero no te puedes tirar de cabeza a la piscina a por él así a la ligera, porque puede ser peligroso. Así que además de leer sobre experiencias personales (que no niego que es útil), te recomiendo que hagas algún curso o sepas de dónde obtener información con pies y cabeza.. 

¡Esto no es ningún tipo de colaboración ni publicidad! Os dejo recomendaciones que me han ido de fábula: 

Tampoco estaría de más hacer algún curso o formación en primeros auxilios, que va a ser muy útil, no solo en la aplicación del BLW, sino en cualquier circunstancia de atragantamiento (con papillas, sólidos o con un juguete). 

Y ahora bien, ya no me enrollo más, a lo que nos interesa… 

¿Cómo estamos aplicando NOSOTRAS el BLW?

Lo empecé un poco antes de los 6 meses.  

Recordemos los requisitos del BLW: 

  • El bebé ha cumplido los 6 meses
  • El bebé se sostiene sin apoyo
  • El bebé ha perdido el reflejo de extrusión
  • El bebé coordina el ojo-mano (se puede llevar alimentos a la boca)
  • El bebé tiene interés por la comida

Pues el primer requisito, ya no lo cumplí. 

¡Empezamos bien, Silvia 🎉! 

Primer alimento sólido de Sofía
(disculpad la calidad, es un captura de un vídeo)

Bajo mi punto de vista, el haber cumplido los 6 meses se recomienda porque es a la edad en que empiezan a conseguirse el resto de requisitos y, de paso, se evita caer  en el error de sustituir tomas de leche por comida, antes de tiempo.

En nuestro caso, antes de los 6 meses, Sofía ya había eliminado el reflejo de extrusión, se mantenía sentada, coordinaba el llevarse objetos a la boca y tenía interés por la comida. Así que, muy concienciada en no quitar ninguna toma de leche (de hecho, hasta el año no tengo intención de ir reduciendo), le di a probar sólidos un poquito antes de lo estipulado. 

A ver, tal vez quedaba una semana para cumplir los 6 meses, pero es cierto que me salté la recomendación. ¿Podría haber esperado una semana y no hubiese pasado nada? Sí. Pero a los padres a veces nos gana la impaciencia y las ganas. Así que, mi recomendación es que sigas tu instinto y te bases en el ritmo y lo que te pide tu hijo.

¡Ojo! Siempre usa el sentido común. Que por mucho que tu hijo tenga 7 meses, si no se puede sostener «tieso», no debes darle sólidos. 

Me salté la regla de los 3 días

La regla de los 3 días (si alguien no lo sabe) dice que debes darle un alimento nuevo a tu hijo por 3 días, ya que la alergia puede no salir de inmediato, sino con la sobreexposición. 

Pues sí. 
Olé yo. 
Otra recomendación que me salté a la torera. 

Empecé con muchas ganas dándole primero un plátano 3 días, luego otros 3 días de brócoli, otros 3 días de zanahoria… Pero se me hacía eterno cumplir esta regla. Imagínate para hacerle un plato un poquito «elaborado» la de tiempo que necesitas (para una pasta a la boloñesa, serían unos 15 días). 

Además, al segundo día de darle otra vez lo mismo, a Sofía ya no le hacía mucha gracia y casi no probaba bocado, de modo que tenía que seguir otro día más con el mismo alimento. Así que consultamos con su pediatra y nos comentó que no había problema, ya que habitualmente, las alergias salen de inmediato. Puede haber excepciones y hay que ir con cuidado, pero no asumíamos más riesgos por saltarnos la regla de los 3 días.

 Por lo que he podido informarme, esta recomendación, viene de cuando se introducían alimentos distintos a la leche antes de que el sistema digestivo estuviese listo (antes de los 6 meses y de que el bebé pudiese mantenerse sentado). Pero si hemos cumplido los requisitos de seguridad, no debería haber riesgo a esta inmadurez digestiva. 

(Hago una breve pausa para recordaros que el tener el bebé 6 meses y que pueda sostenerse con la espalda erguida, son indicadores de que el sistema digestivo es suficientemente maduro para asumir alimentos distintos a la leche sin riesgos).

De modo que, a excepción de alimentos potencialmente alergénicos, no dejo pasar 3 días entre alimentos nuevos, sino que le doy uno nuevo cada 24-48 horas. 

Eso sí, ningún miembro de la familia presenta alergias alimentarias. Si en vuestro caso hay intolerancias o alergias, por favor, pies de plomo que no viene de 1 mes o 2 introducirle un nuevo alimento.

De vez en cuando, come con cuchara. 

Aunque en muchos casos recomiendan que no se haga BLW mixto porque pueden confundir al niño…  por las circunstancias de mi familia y de la conciliación, no nos ha quedado otra. 

Arroz a la cubana con cuchara


Sofía no puede estar siempre conmigo, y como habréis leído en mi último post sobre BLW (o eso espero 😉), al padre no le hace mucha gracia aplicarlo si está solo. Así que si yo no estoy o si Sofía está en la guardería, le dan la comida chafada con cuchara. Eso sí, no se la hemos dado completamente triturada, para que se acostumbre a hacer un poco de «esfuerzo» de masticar.  

Lo que sí es cierto, es que insisto mucho en que le permitan a ella acercarse la cuchara y gestionar cuánto quiere. Que al menos en todo momento, tenga la potestad de decidir cuándo no quiere más.

Y respecto a que el niño puede confundirse… a Sofía nunca le ha pasado. Eso sí, siempre le hemos dado comida chafada en paralelo a los sólidos. Quiero decir, no hemos empezado por los triturados y de repente, al cabo de un mes le he dado una hamburguesa de pollo. Si hiciéramos eso, sí que podría ser peligroso ya que el niño ha empezado a comer sólidos sin ser consciente que debe gestionarlos de manera diferente. Seguramente, lo intentará tragar sin más y ahí es donde está el riesgo de atragantarse.

Nosotros nos hemos esperado a darle el primer «puré totalmente líquido» (¡oye, que los adultos también tomamos crema de verduras) a que dominase bien la masticación, con 7 meses y unas 3 semanas.

No la siento conmigo en la mesa.

Sé que lo ideal sería que estuviese siempre sentada con nosotros para comer, ya que los peques aprenden por imitación y les va genial estar integrados en los actos familiares. Pero es otra recomendación que no he podido cumplir hasta ahora. Y de hecho, no la cumplo al 100%. 
Que conste que lo he probado, pero cuando ella come no puedo evitar estar más pendiente de vigilarla que de comer yo. Soy un poco sufridora y me gusta estar 100% observándola «por si a caso». 

Además, no sé si a vosotros os pasa, pero muchas veces cuando la siento para comer, tiene sueño y monta un «pitote» que implica que tengo que dormirla y comer yo más tarde o frío. O resulta que cuando comemos, ella no tiene hambre y monta otro pollo porque no quiere estar en la trona y quiere ir a jugar. 

Debo hacer un apunte y decir que ahora, dos meses después de haber empezado el BLW, empiezo a sentarla en la mesa. Pero solo si ella lo pide. 
Nosotros lo hacemos de la siguiente manera y nos está funcionando bastante bien: 

Sofía sigue comiendo primero, pero le guardamos un pedacito de un alimento que le sea muy fácil gestionar (plátano, naranja, pan…). Si aunque ya esté saciada de su comida, quiere estar con nosotros en la mesa, la sentamos en la trona a nuestro lado con su alimento «fácil». De este modo, Sofía se siente integrada, come algo más de fruta, verdura o cereal y nosotros podamos comer «tranquilos». Tenemos 3×1.

Le doy más de una vez al día sólidos.

Normalmente, te recomiendan que empieces ofreciéndole sólidos una vez al día y poco a poco le vayas ofreciendo más veces, para no agobiar al niño. 

En nuestro caso, decidí darle trozos todas las veces que tuviésemos oportunidad. Por cuestiones de conciliación, ya que no tengo la opción de hacer todas las comidas con ella, como mínimo que en todas las que estuviéramos juntas, que tuviese opción de tocar, oler y, aunque no comer, al menos experimentar. 

A nosotros nos ha funcionado muy bien de esta manera, pero es cierto que hay niños que pueden verse colapsados. Para no agobiarla, he preferido probar a sentarla varias veces en la trona pero al primer signo de queja, sacarla, para que no le coja manía. Aunque lleve 10 segundos sentada.

Sofía remoloneando en la trona porque no quiere merendar

Le doy sólidos para cenar 

También se recomienda que no se le den alimentos nuevos por la noche, ya que si hay una reacción alérgica, posiblemente no se detecte. Pero como la cena es la única comida del día que SIEMPRE la hace conmigo, se convirtió en mi opción principal para aplicar el BLW. Además, cuando más le apetece comer es para cenar. El desayuno casi ni lo prueba (no se despierta con mucho apetito por la mañana), la merienda acostumbra a ser algo de fruta así que no tengo muchas opciones de alimentos a ofrecer y las comidas no siempre puede hacerlas conmigo. 

De modo que la opción que nos queda, es la cena.  Eso sí, como tarde, Sofía cena a las 20:00, hasta que nosotros nos metemos en la cama, tenemos un margen amplio para detectar alguna reacción. 

He querido abandonar, pero he escuchado a mi instinto

La presión del entorno, cocinar y currarme platos adaptados a Sofía para que ella no probase bocado, las arcadas, ver que no comía (y estar en un percentil bajo de peso), etc. me ha hecho estar a punto de abandonar. 

Pero al final, decidí hacer caso a mi instinto, que me decía que lo mejor para ella era este método. Y la verdad, es que de momento, es la mejor decisión que he tomado. Nos va de maravilla. 

Sofía prefiere empezar a comer por el pan con tomate

Con solo 8 meses, Sofía sabe perfectamente que le apasiona el pan con aceite y tomate, pero que la zanahoria no le hace tanta gracia. Sabe que la tortilla con patata sabe mejor que sin patata. Pero que con berenjena tampoco está nada mal. Los macarrones con orégano y aceite están deliciosos, pero si encima le pones un poco de ternera y tomate, se convierte en un manjar. Sabe cuando tiene hambre y sabe cuando su cuerpo le dice que ya está saciada. Sabe que para merendar prefiere empezar por las fresas, seguir con el melón y tirar la naranja para que la meriende Nala (como visteis en los stories de instagram). Es decir, en 2 meses de BLW, Sofía sabe alimentarse mejor que muchos adultos (entre los que yo misma me incluyo).

En conclusión, el BLW, como en cualquier tema relacionado con crianza, se aprende por experimentación y ensayo-error. Se trata de cada día ir aprendiendo, no solo el niño a comer, sino a conoceros mutuamente. 

El principio, como todos los inicios, puede ser un poco tormentoso. La teoría es fantástica, pero el choque con la realidad es duro.Todas las recomendaciones que has podido leer en libros y blogs, a tí no te funcionan, y vas perdidísimo y tienes miedo porque no quieres equivocarte y hacerlo mal con algo tan importante como la alimentación

Mi consejo: no te preocupes, relájate y ves probando qué os funciona. Adaptaros el uno al otro. 

Cuando os conozcáis un poco, lo vais a disfrutar muchísimo. Cuando tu hijo empiece a comer (porque tarde o temprano, comerá), verás como habrá valido la pena superar las dificultades del inicio. 

¿Y tú?¿Has cumplido a rajatabla las recomendaciones del BLW o las has adaptado a tu hijo y a tí?

¡Muchos besos de esquimal!

Silvia. 

Lactancia… ¿respetuosa?

Desde que empezó la semana mundial de la lactancia materna, el pasado 1 de agosto, he escuchado las siguientes frases:

¿Hasta qué edad debe tomar el niño pecho?
¿No es muy mayor para darle teta?
¿No te muerde?
¿Pero no afectará a su desarrollo?
¿No crees que afectará a su autonomía?

¿No lo va a hacer muy dependiente?
¡Yo cuando tenga hijos le daré pecho solo el mínimo!

¡Dejemos de poner fecha a todo! Disfrutemos del momento y veamos cómo evoluciona.  Ésta creo que es la enseñanza más valiosa que me ha dado la maternidad. No hay nada que se pueda decidir premeditadamente. No solo en cuanto a la lactancia, sino con casi todo lo relacionado con la crianza de nuestros hijos. Cada niño tiene un ritmo y unas necesidades, cada p/madre tiene un ritmo y unas necesidades. ¿Por qué hemos de destetar al año si ninguna de las partes implicadas lo desea?, ¿por qué hay que poner una fecha si quieres destetar antes de ella o más tarde?

Y más importante aún, ¿qué molesta tanto a la sociedad sobre alimentar a niños hasta los 2, 3 o 4 años?, ¿por qué tanto rechazo? ¡Ni que fuese el vecino del 4º el que ha de dar la teta a tu hijo!

De entrada, vamos a recordar que la OMS recomienda la lactancia materna exclusiva (LME) hasta los 6 meses de edad, pero también recomienda que sea el alimento complementario del niño hasta MÍNIMO los 2 años, por todos los beneficios nutritivos que  la leche materna sigue teniendo (aporte calórico, beneficios inmunológicos…).

Remarco: hasta mínimo los 2 años

Es decir, que podemos dar el pecho hasta mucho más allá de los 2 años. Eso sí, también debo ser sincera y decir, que no hay estudios empíricos suficientemente significativos sobre los beneficios de dar el pecho más allá de los 2 años. Aunque tampoco existe ninguna evidencia de que pueda generar efectos negativos. Ninguna. Ni a nivel nutricional, ni a nivel social.

¿O acaso vas por la calle y ves a un adulto y piensas «ui… éste tiene toda la pinta de haber tomado teta hasta los 5 años», «a esa seguro que la destetaron pronto», «me juego el brazo derecho a que a éste no le dieron pecho»? Creo que no. Entonces, ¿si una madre está convencida de los beneficios que tiene dar el pecho de manera «prolongada», qué hay de malo? ¿Podemos aceptarlo y respetarlo igual que la madre que decide destetar a los 4 meses o no dar el pecho nunca?

Nos encontramos con que cada vez está más aceptado y se promociona más la lactancia en bebés. Pero… ya incomoda un poco más cuando el niño que pide teta, la pide hablando. O ya camina o ya tiene dientes. 

Sofía tiene 7 meses y medio y hace ya tiempo que me preguntan hasta cuando voy a darle el pecho. 

Mi respuesta: ni idea. Tal vez la semana que viene esté cansada y quiera destetarla, o tal vez dentro de un mes, Sofía ya no quiera más pecho (cosa que dudo, pero podría pasar), o tal vez, queremos llevar a cabo la lactancia hasta los 3 años. ¿Y qué tiene de malo?

Quiero decir, si madre e hijo disfrutan y son felices compartiendo el momento de dar el pecho, ¿por qué deberíamos terminarlo?, ¿por qué la sociedad cree que es malo?

Me comentaban el otro día por las redes sociales, de manera muy lógica, que la lactancia prolongada podría afectar a la autonomía del niño y su desarrollo psicosocial. Mi respuesta es que en base a la teoría, no. No afectará. Más bien, al contrario. La lactancia ayuda a que se desarrolle el apego seguro

¿Y qué es el apego seguro? Es el lazo afectivo que se crea entre el bebé y sus cuidadores, un lazo que genera confianza y protección. Desarrollando este vínculo, el bebé se siente más seguro de experimentar de manera autónoma con el entorno, ya que sabe que tiene una figura que le protege cerca. Está claro que la lactancia no es la única manera de fomentar este tipo de apego, pero ayuda a desarrollarlo. Y mucho. 

Tabla de Ainswort obtenida de la web «criar con sentido común»

Entonces, podemos decir, que la lactancia no afectará negativamente a su desarrollo psicosocial. Eso sí, como padres, debemos fomentar la autonomía. No vale que lo hagamos todo por nuestros hijos, que no los incentivemos a que se relacione con el entorno y achacar que el crío es dependiente a la teta. 

No, no es por la teta. 

Es que si no damos oportunidades al niño para que sea independiente, sí que va a haber consecuencias negativas en el desarrollo, pero no por dar el pecho, sino por tener a nuestros hijos en un pedestal. 

Estaba comentando en base a la teoría… Pero a lo que importa…

¿Y a la práctica?

Sofía a los 7 meses cenando rape

En mi experiencia personal, debo decir, que de momento, no está afectando ni a su desarrollo, ni a su autonomía. Está claro que solo tiene 7 meses y medio, pero ya os digo que Sofía es totalmente autónoma en cuanto a alimentación complementaria desde que no llega a los 6 meses. Yo nunca le he puesto comida en la boca, ella ha decidido y está aprendiendo por sí misma a comer. Y no solo es independiente en lo que a comida refiere. Ella va a la guardería y se relaciona con otros bebés de manera totalmente independiente a mí, se relaciona con su profesora, con otros niños más mayores… Y no muestra signos de dependencia del pecho para poder interaccionar con su entorno. 

Entonces… ¿la lactancia «prolongada» puede crear dependencia? No. Le estamos dando al niño seguridad para que pueda explorar de manera autónoma su entorno. 

Sofía interaccionando con el entorno 😉

Ahora bien… Vamos a ver la otra vertiente… ¿Y si ya estoy cansada de la lactancia? 

Si has decidido no dar el pecho a tu hijo, puede ser que hayas escuchado «pero con todos los beneficios que tiene ¿no le vas a dar teta?». Y aflore en ti un sentimiento de culpabilidad. 

La crianza respetuosa está basada, como su nombre dice, en el respeto. El respeto por el niño, pero, se nos olvida también el respeto por la madre

La lactancia es preciosa, a la par que dura en algunos momentos. Es un acto físico en el que participan dos personas, y como en cualquier acto físico, ambas personas deben estar de acuerdo. Cuando una de las partes ya no quiere continuar, sea cual sea el motivo, debe respetarse. 

Cuando se da el pecho sin desearlo, sin intención, sin transmitir voluntad y satisfacción por hacerlo, le estamos enseñando al niño que no somos dueños de nuestro cuerpo. ¿Cómo respetará el niño su propio cuerpo si nosotras mismas lo cedemos para satisfacerlo a él? Le enseñamos que «no quiero darte el pecho, pero por hacerte feliz te lo doy». «No quiero compartir mi cuerpo contigo, pero por tí, lo cederé». ¿Os suena a algo?

No digo que deba destetarse de un día para otro, sin más, pero sí se debería destetar progresivamente, si la madre así lo desea. Sin sentimiento de culpabilidad. Eso sí, debería ser un destete respetuoso, pero de ésto haremos un post más adelante. Ahora puedo dar información teórica, pero me gustaría hablaros en base a la experiencia, así que seguramente me esperaré a que decidamos (o Sofía o yo) destetar. 

En conclusión, decidas lo que decidas va a estar bien. Se trata de que nadie pueda influir en las decisiones que tú y tu hijo tomáis. 

Nadie. Ni siquiera el padre del niño. Por más que insista en que es muy mayor para tomar teta, o por mucho que insista en que tome teta hasta los 6 meses mínimo. Por más que diga que tiene «vicio» y que hay que irlo destetando. No es él quien ha de sacarse el pecho o no sacárselo. Es la madre. Como decía. Es un acto físico de dos personas en la que ni el padre, por muy importante que sea su figura, puede influir en vuestra decisión (de madre e hijo). 

Así que relájate, la lactancia no va a hacer nunca daño al desarrollo de tu hijo y la lactancia no es la solución a todos los problemas. De modo que, disfrútala y deja que evolucione como lo sintáis. 

Espero que estéis pasado una feliz semana de la lactancia materna. 

¡Muchos besos de esquimal!

Silvia. 

No llores, no ha sido nada

El otro día Sofía se cayó de lado mientras estaba sentada jugando con sus sonajeros.

Y lloró.

Sofía un poco enfadada

Fui a cogerla y abrazarla (hasta aquí todo bien) y luego le dije «no ha sido nada, ya está, no llores más». Luego me quedé pensando. ¿Cómo que no ha sido nada? ¡Pero si se ha caído! Seguramente no se lo esperaba y se ha asustado, y posiblemente se habrá hecho un poco de daño. ¿Por qué le digo que no pasa nada cuando sí le ha pasado?

Consolando a Sofía

Cuando vemos a un niño llorar o con una rabieta (me gusta más llamarla «desborde emocional», pero es un poco largo), los adultos tendemos a restarle importancia a la causa del lloro diciéndole cosas tipo «no pasa nada», «no llores», «llorar es de bebés», «levántate, que no ha sido nada», «te dije que te ibas a hacer daño», «¡uh!, que feo te pones cuando lloras». 

Son frases que se dicen con la mejor de las intenciones, para quitarle hierro a lo que está haciendo sufrir al niño, para hacer que deje de experimentar esa emoción. Pero lo que está aprendiendo en realidad, es que las emociones que crean un malestar deben esconderse, reprimirse. Pero es que es lógico que si el niño se ha caído y se ha dado un susto, llore. No digo que nosotros tengamos que ir corriendo a socorrerlo como si fuésemos «Los vigilantes de la playa», si lo que se ha hecho es un rasguño. Pero podemos intentar cambiar el «no ha sido nada» por un «¿estás bien?¿te puedo ayudar?».

Las emociones son necesarias, tanto las que consideramos negativas como las positivas. Pero parece que las emociones «negativas», a pesar de tener su función (la mar de útil, por cierto), no deban ser manifestadas porque no son aceptadas. ¿Sabes por qué no son aceptadas? Porque las emociones son contagiosas. Cuando vemos a nuestro hijo llorar, nos ponemos en su piel, se nos contagia el sentimiento negativo, es como si nosotros mismos lo sintiéramos y por eso nos causa rechazo, e intentamos que no sufra. 

Pero, ¿qué tiene de malo dejarle sentir? Si no permitimos que se asuste, que esté triste o que se enfade, va a ser imposible que aprenda a gestionar esa emoción. Sin oportunidades dónde se manifieste la rabia, nunca podrá aprender a canalizarla. 

¿Qué podemos hacer entonces? Acompañarlo en la emoción sin prohibirle que la sienta. Ayudarle a que fluya y que, poco a poco, aprenda cómo gestionarla. Cuando experimenta una emoción difícil de gestionar, puedes ayudarle con los siguientes tips: 

  1. Pregúntale «¿qué sientes?¿dónde lo sientes?» y ayúdale a que pueda expresarlo con palabras. Tal vez llora porque se ha hecho daño, o porque al caerse se ha asustado, porque siente rabia de no poderse atar los cordones de los zapatos. Es bueno que el niño explore si siente un nudo en el estómago, si siente calor…
  2. Hazle saber que entiendes su emoción, que empatizas con él. Tú también has sentido rabia, tristeza, te has asustado o te has hecho daño y puedes entenderlo. 
  3. Hazle saber que estás a su lado para, si él quiere, ayudarlo. Enséñale que tienes todo el tiempo del mundo para que pueda contar contigo, sin prisa.

Y ya está. No hay más. No es complicado, pero tenemos tan interiorizado el que «no debemos llorar», que a veces es difícil que no nos salga de manera espontánea. 

¡Oye!¡Que si no tienes hijos, sobrinos o niños pequeños a tu alrededor, puedes aplicar igualmente estos consejos con adultos! Por ejemplo, cuando tienes un amigo que está triste porque lo ha dejado su pareja, tendemos a decirle «no pasa nada, no estés triste, Menganito no valía la pena, seguro que encontrarás a otro». Pues en ese momento, esta persona no quiere encontrar a otra, quiere a la que tenía y encima se sentirá juzgado por la elección de pareja que había realizado. Así que no, decirle que no debe sentir tristeza, no va a ser demasiado útil. Sin embargo, podemos acompañarlo en su emoción y validarla. Podemos decirle «te entiendo, debes de sentirte muy triste, si necesitas hablar, puedes contar conmigo». Seguro que saber que puede contar contigo para desahogarse y no lo vas a juzgar por estar con una persona «que no valía la pena» lo va a agradecer mucho más. 

Cada uno tiene su manera de gestionar y procesar las emociones y a cada persona, un hecho le afecta de diferentes maneras. Puede ser que un amigo que ha vivido una separación se sienta liberado y feliz pero que otro esté triste y hundido. Y ambas emociones son correctas y deben ser respetadas. Lo mismo sucede con los niños. Es normal que para un niño, su mayor frustración sea que se le ha roto su juguete. Para él es un problema muy grande. ¡No le restes importancia a la emoción que experimenta si eso sucede! Siendo un niño, no tiene otras preocupaciones como pagar el alquiler, cumplir unos objetivos en el trabajo o arreglar el coche. Tiene preocupaciones lógicas para su edad, y debemos respetarlas aunque a nosotros nos parezcan nimiedades. 

Me gustaría, para ir terminando, hacer mención en la importancia de mostrar a nuestros hijos cómo  nosotros gestionamos las emociones. No podemos esperar que exprese la frustración con calma y con palabras, si nosotros estallamos de rabia y pegamos un grito. Nuestros hijos no van a hacer lo que les digamos que hagan sino lo que vean que nosotros hacemos. Así que, si quieres que tu hijo tenga una conducta, empieza por hacerla TÚ. 

Nuestros hijos hacen más lo que ven que lo que les decimos

Aprovechemos cada situación en que experimentamos emociones difíciles de gestionar para seguir aprendiendo a aceptarlas y canalizarlas de la manera más asertiva y respetuosa. 

¡Muchos besos de esquimal!

Silvia. 

Y todo esto… ¿qué es?

Cuando empiezas a aplicar métodos de crianza respetuosa, se dan diálogos del tipo…

-¿Y ya come pures?
-No… es que yo practico el «baby led weaning«
baby led qué?«

-¡Vaya rabieta!¿No lo piensas castigar? 
-Intento no castigarle y aplicar la disciplina positiva, voy a intentar hablar con él y darle un abrazo
-Buf… Con esto de la disciplina positiva no va a aprender nunca los límites

-Con tantas actividades lo estás hiper estimulando

-¿Otra vez teta?

-En casa intento aplicar el método Montessori
-¡Ah sí! Eso que juegan con juguetes de madera. ¿Pero no hacen lo que quieren?

Y ante estas maravillosas aportaciones de tu entorno, tú estás así:

Pues a todas estas personas, podéis enviarles el enlace del post de hoy, que seguro que os ahorrará un montón de saliva explicando estas «palabrejas modernas«. Pero ¡alerta!, que también puede interesarte a TI. Sí, sí.. a ti ¿Por qué? Porque a veces aplicamos este tipo de crianza por instinto (que está muy bien), pero oye, siempre es bueno conocer un poco de teoría sobre lo que hacemos. Es divertido jugar a fútbol dando patadas a un balón, pero si nos explican las reglas del juego, seguro que nos lo pasaremos mejor.

¡Aviso a navegantes! Con este post no pretendo dar definiciones profesionales ni mucho menos lecciones de crianza (es más, intentaré no hacer juicios de valor), sino que quiero explicar varios conceptos básicos tal y como se los explicaría a mi vecina. Repito mi mantra de: «cada niño es un mundo, cada familia es un mundo, y nadie mejor que los padres del niño para saber qué es lo que mejor le funciona, siempre que sea desde el amor y el cariño«

Así que listos y… ¡Empezamos!

Y empezamos con lo básico y principal. El «rey del mambo» de esta metodología:

Crianza respetuosa: es un tipo de crianza que se basa en educar a los niños de igual a igual, partiendo de la base de no hacerle a él lo que no nos gustaría que nos hicieran. ¿Verdad que no te haría mucha gracia ir a coger un jarrón para verlo mejor y que de repente tu pareja te grite y te diga «¡No toques ese jarrón, que lo vas a romper!»? Si te suelta eso, tú, seguramente te quedarás pasmado y dirás «pero por qué no puedo tocarlo, con lo bonito que es, además tú lo has tocado antes y no lo has roto, ¿estás diciendo que soy más torpe que tú?«. Pues si tú llegas a pensar eso, el niño, también. Y eso es lo que intentamos evitar. La crianza respetuosa se basa en el diálogo y en la libertad de niño (y sus cuidadores). Podríamos negociar y decirle: «Cariño, si el jarrón se cae, podrías hacerte mucho daño, ¿jugamos mejor con este jarrón de plástico?»

Dentro de la crianza respetuosa encontramos varias prácticas:

  • Disciplina positiva: consiste en, en lugar de dar una reacción a una acción del niño, intentar comprender qué le ha llevado a ello y se toman medidas desde la raíz del problema. Si le castigas o le gritas ante una conducta que consideras «mala», cesará esa conducta, ¡seguro! pero no por voluntad propia, sino para evitar el castigo… Entonces ¿quién nos asegura que cuando no miremos no lo volverá a hacer? Además, tal vez, lo que le sucede es que está frustrado por algo que no sabe expresar con palabras y exterioriza la rabia de este modo. Lo que necesita en ese momento, puede ser que sea cariño, acompañamiento y respeto. Has avisado a tu hijo que jugar con el jarrón es peligroso, pero aun así él ha seguido tocándolo y se le ha caído y se ha roto. Primero, debería asumir la consecuencia de su acto, por ejemplo, ayudándote a recogerlo (se plantea una consecuencia directa, proporcional y adecuada a la edad del niño) y luego, se intentaría hablar con él para que nos explique por qué ha seguido jugando con algo peligroso. Y aquí mucha gente me dirá… ¡pero si es muy pequeño! ¿qué me va a contar?¡No me entiende! Probad, dejad que el niño se explique. Seguramente os sorprenda.
  • Baby led weaning (BLW): consiste en la introducción de la alimentación complementaria directamente con sólidos. Con el BLW se respeta el apetito y ritmo del bebé. Él decide cuando se mete algo en la boca, cómo, cuanto y qué. Es respetuoso con el niño porque no se le obliga ni persuade a hacer o comer nada que no quiera en función a lo que el adulto considera. ¿Verdad que sería raro invitar a un amigo a casa y obligarlo a acabarse toda la ensalada que le hemos servido? Tal vez quiere dejar un poco porque no le gusta o se siente lleno. Pues lo mismo sucede con nuestros hijos. Y me diréis… ¡pero no querrá comer nunca verdura! Sí. Se la comerá. Simplemente que si ves que no le gusta la zanahoria, no le plantes zanahoria cada día, sírvele un día zanahoria y berenjena y que elija lo que más le apetece.
Aplicando BLW
  • Conexión: se habla mucho de la importancia de conectar con tu hijo cuando, por ejemplo, tiene una rabieta. ¿Pero qué significa «conectar» exactamente? Es hacer entender al niño que estamos presentes para ellos y no transmitirles miedo a ser juzgados. Que se sientan libres de expresarnos lo que les sucede, de poder hablar con nosotros. Piensa cuando estás enfadado porque en el trabajo el jefe te ha saturado con mucha faena y has tenido que salir tarde y encima nadie te ha dado las gracias. Y llegas a casa y está todo sucio y desordenado y le pegas un grito a tu pareja porque lleva toda la tarde en casa y no ha recogido nada ¿cómo te gustaría que reaccionase la otra persona después del mal día que llevas? ¿Ignorándote?¿enfadándose contigo porque le has pegado un grito?¿O con un abrazo y un «sé que estás enfadado, yo también he chillado cuando me he enfadado mucho, cuando quieras hablar de lo que te sucede me tienes aquí«.
  • Exterogestación: es la teoría que explica por qué los bebés necesitan contacto continuo, y con la que puedes argumentar porque coges siempre a tu hijo en brazos. Esta teoría te explica por qué llora un bebé cuando lo ponemos en la cuna como si ésta tuviera espinas, o por qué llora un bebé cuando está en su hamaquita, recién cambiado, recién despertado y acaba de comer y no le sucede nada (supuesamente). Los humanos somos una especie muy evolucionada, aprendimos a caminar erguidos y por ende, la pelvis se estrechó. Como encima somos los animales más inteligentes del planeta, necesitamos un cráneo bastante grande para almacenar tanto cerebro. Literalmente. Así que, por cuestiones de logística (pelvis estrecha / cabezones), la naturaleza nos ha hecho nacer antes de lo que deberíamos. Es decir, todos los bebés humanos nacemos prematuros. De modo que, una vez estamos fuera del útero necesitamos recibir unos 9 meses más, estímulos lo más parecidos posible a los que teníamos dentro de la barriga de mamá (contacto, calor, satisfacción inmediata de las necesidades, calma…). Por eso se recomienda tener al bebé el máximo de tiempo en brazos, satisfacer rápidamente sus necesidades, tener un entorno de calma…

Crianza con apego: a veces se confunde con crianza respetuosa, aunque no es exactamente lo mismo, sino uno de sus principios. Lo que busca la crianza con apego es crear un vínculo afectivo entre el niño y sus cuidadores. Normalmente, el vínculo se crea mediante: 

Colecho: durante la noche el bebé tiene una serie de necesidades (calor, frío, caca, pipí, etc.) y miedos (abandono, oscuridad, etc.) que los padres se encargan de subsanar, normalmente, acostando el bebé a dormir con ellos. De hecho, las crías que sobreviven en la naturaleza, son las que duermen con los padres y en manada, no los que se quedan solos.

Porteo: se fomenta el apego intentando que el bebé esté el máximo tiempo en contacto con el padre/madre. Con el porteo se carga al bebé «enganchado» al cuidador mediante algún dispositivo, normalmente un portabebés. ¡Acuérdate de la exterogestación!

Lactancia materna (a demanda): la mejor manera de satisfacer las necesidades de apego y de alimentación del bebé es con el pecho cuando el bebé lo pida, aunque no sea por hambre. El pecho no solo lo sacia, sino que lo consuela, alivia dolor, calma, relaja, e incluso duerme al niño… Es lo que más se le parece a la maravilla de vida uterina.

Crianza natural: es la manera innata de nuestra especie de criar a los hijos. Coincide en muchos aspectos con la crianza con apego (por ejemplo, en lactancia materna a demanda) pero, no es exactamente lo mismo. En la crianza natural se da el pecho porque es lo que promueve este estilo, pero en la crianza con apego, das el pecho de manera consciente, porque es la decisión que toman la madre y el bebé. Y en el momento que una de las partes implicadas desea abandonarla por el motivo que sea (el bebé quiere sólidos, o la madre está saturada), es algo totalmente legítimo que debe respetarse. 

Crianza tradicional: es una educación que se basa en la verticalidad. El adulto, supuestamente sabe lo que es mejor para el niño y no da opción a diálogo. El mítico «y punto». Porque lo digo yo, y punto. Porque se hace así, y punto. Por que yo soy tu padre y punto.

Y de la crianza respetuosa surgen nuevos modelos educativos conocidos como:

PEDAGOGÍAS ALTERNATIVAS

Primero, debemos entender que lo que actualmente predomina (al menos en nuestro país) es la pedagogía tradicional, que es un tipo de pedagogía basada en contenidos decididos por un  “superior”, sin tener en cuenta las preferencias, intereses o individualidades de cada alumno. Se evalúa y califica en función de unos estándares que son los mismos para todos. Considera que los alumnos tienen un grado de inteligencia en base al cual deben obtenerse unos resultados mínimos. 

La pedagogía tradicional no tiene en cuenta una teoría para mí, importantísima:

La Teoría de las Inteligencias múltiples. ¿Habéis escuchado eso de «eres de letras o de ciencias»? Pues está muy relacionado con esta teoría. A grandes rasgos, Gardner explica que existen 8 tipos de inteligencia (lingüística, lógico-matemática, naturalista, espacial, musical, corporal, intrapersonal e interpersonal) y cada individuo tiene unas más desarrolladas que otras. Es decir, Eduard Punset no es más inteligente que Sergio Ramos, simplemente han desarrollado inteligencias diferentes. 

Sin embargo, los métodos pedagógicos alternativos se centran en el niño e intentan que desarrolle sus capacidades individuales adaptándose a su ritmo e intereses. 

Los principales métodos que están teniendo cada vez más importancia son:

  • Waldorf: pedagogía basada en el juego libre y simbólico organizada por septenios. Hasta los 7 años basan la educación en el juego y desarrollo físico, de los 7 a los 14 años se educan las emociones y se empieza a trabajar por materias, de los 14 a los 21 se educa en el pensamiento, es decir, en conocer pensando. Se trabaja mucho la imaginación, la empatía, el ser creativos… Tiene un enfoque artístico y creativo.
  • Montessori: el niño es el centro de la educación y los adultos solamente lo guiamos. Se le proponen materiales y actividades y el niño es libre de trabajar cómo desee con dicho material. Tiene un enfoque más científico que Waldorf.
  • Reggio Emilia: se trabaja por proyectos en función de lo que les interesa a los alumnos. En vez de resolver las dudas de los niños, se les incentiva a que sean ellos quienes averigüen la respuesta. Se fomenta el trabajo en equipo y la cooperación. Se trabaja fundamentalmente por proyectos:
    • Trabajo por proyectos: es un modo de trabajar el conocimiento en que el alumno es involucra en su propio aprendizaje ya que se basa en lo que le interesa y le motiva. El alumno aprende a investigar, a tener curiosidad y dudar, aprende a relacionarse y a usar las nuevas tecnologías. 
Diferencias de los principales método pedagógicos
  • Pikler (movimiento libre): es una pedagogía basada en el movimiento. Se usa, sobre todo, en bebés que todavía no caminan para que poco a poco desarrollen su autonomía libremente y de manera espontánea. Se tumba al bebé siempre boca arriba y es el bebé quién decide cuando se dará la vuelta, cuándo quiere sentarse, gatear, etc. Se observa al alumno pero no se interviene en incentivar ningún tipo de movimiento. 

¡Y hasta aquí el post de hoy! Espero haberte ayudado a resolver dudas sobre los nuevos métodos de crianza. Si quieres que profundice sobre alguno de los temas o tienes alguna duda, no dudes en decírmelo en los comentarios.

¡Muchos besos de esquimal!

Silvia.

¿Qué me hubiese gustado saber antes de empezar el BLW?

Seguramente, si estás aquí, ya sabes en qué consiste el baby led weaning o BLW y estás un poco dudoso de si lo haces bien porque no está sucediendo lo que creías que iba a suceder.

Si no sabes qué es el BLW no daré muchos detalles porque si escribes “BLW” en un buscador, te saldrán mil definiciones, requisitos para iniciarlo, recetas, etc. Pero a grandes rasgos:

El BLW es el destete auto dirigido por el bebé, en el cual es el propio niño quién va a regular qué come, cuánto, cuándo y cómo. Es un método respetuoso porque no se le obliga, distrae o persuade para que coma (igual que tú no persuades a tu pareja para que se acabe el plato rebosante de judías, si no quiere más).

Ahora sí, una vez entrados en materia… ¡Empezamos!

Por fin nuestro hijo ya tiene 6 meses y cumple los famosos requisitos para iniciar el BLW (se mantiene erguido, ha perdido el reflejo de extrusión, etc.). Nos hemos empapado de muchísima información y tenemos todo lo que necesitamos: la súper trona de IKEA fácil de limpiar, un babero súper absorbente con mangas, su platito de bambú ecológico y ventosa, y hasta hemos cubierto el suelo con un hule para que la limpieza no sea tan difícil.

Hemos visto mil vídeos de bebés con más modales en la mesa que la Baronesa Thyssen. Y entonces llega el día en que le damos el maravilloso brócoli que con tanto cariño hemos hervido… ¿Y qué sucede a continuación? Que ni se lo mete en la boca. Y después de 3 minutos cara a cara con ese vegetal, el bebé está harto y llora porque no quiere estar más allí. Y al día siguiente lo mismo. Y al otro. Y al otro. Pues… No eres el único al que le pasa ¡TRANQUILO! Eso es lo normal.

Sofía equipada con su trona y babero con mangas, con sueño y sin haber probado el plátano.

¿Qué esperamos los padres que suceda con el BLW?

  • Que el niño manche (sí, pero aunque no tanto)
  • Que por lo menos, el niño se meta los alimentos en la boca
  • Que esté en la trona experimentando con la comida un rato, unos minutos aunque sea.
  • Que en unas semanas coma a la vez que nosotros
  • Que en unas semanas coma lo que nosotros comemos
  • Que en poco tiempo sepa masticar y tragar
  • Etc

Pues lamento comunicarte, que NI HABLAR DEL PELUQUÍN. Dicen (todavía no lo sé, que Sofía tiene 7 meses) que los resultados de este método se empiezan a notar a partir de los 10 meses aproximadamente (aunque he de decir que nosotras ya empezamos a ver beneficios).

Entonces….

¿Qué es lo que nos vamos a encontrar de verdad?:

  • El niño NO va a comer. Grábate este punto a fuego en tu mente porque seguramente no va a comer nada hasta dentro de semanas. Tendrás suerte si los primeros días se mete algo en la boca. Y te frustrarás porque cuanto más hayas tardado en prepararle el plato, más rápido tirará la comida al suelo o se cansará de estar en la trona. Tu hijo acabará comiendo, pero es un proceso de aprendizaje laaaaaaaargo. Primero deben averiguar que lo que tienen delante es comida y que la comida se come. Luego aprenden a que la comida tiene sabor, textura y olor. Y después, irán aprendiendo progresivamente a morder, masticar y tragar. Luego, ya si eso, sabrán que eso les sacia y que lo necesitan para vivir. Como ves, comer es un aprendizaje que no se da de la noche a la mañana. Pero lo acabará aprendiendo. Sofía ha empezado a morder, masticar y tragar un poco ahora y llevamos un mes.  Por eso yo recomiendo intentar empezar a ofrecer alimentos con hierro, que si da la casualidad que comen algo, que por lo menos contenga ese nutriente.

  • Tardará en comerse todo lo que le pongas en el plato. Así que ponle poca cantidad porque la gran mayoría no se la comerá y, o te lo comerás tú, o el perro o lo tirarás. Poco a poco irá aumentando la ingesta, pero es algo muy progresivo y paulatino, así que no te imagines que le pondrás un muslo de pollo con brócoli y se lo comerá entero. Porque te frustrarás.

  • Pasas más tiempo limpiando, que el niño comiendo. Es la hora de merendar. Sientas a tu bebé en la trona y le das su manzana hecha al microondas bien blandita. Y tu hijo la tocará, la mirará, la manoseará y manchará todo bien y luego, llorará para que lo saques de la trona. Paciencia. Mucha paciencia. Esto va así. ¿Mi consejo? No te agobies en ir limpiando mientras come, déjalo que haga y deshaga, si limpiar vas a tener que limpiar igual. Así que ármate de mucho papel de cocina bien absorbente, un buen mocho, escoba, aspirador, un desinfectante, un trapo y el calvo de “Don Limpio”.  
  • Va a tener náuseas, arcadas y va a vomitar. Y a ti te darán taquicardias. Cuando el bebé se meta trozos en la boca y los trague, su cuerpo, seguramente querrá expulsarlos. Es algo lógico. Hasta ahora solo ha comido leche y de repente le echas algo “duro”, resbaladizo y grande. Si su cuerpo reacciona con arcadas y alguno que otro vómito ¡es bueno! Quiere decir que su “mecanismo protector de ahogamientos” está funcionando bien. Pero tú, querido/a, vas a infartar las primeras veces, y vas a tener que respirar muy profundo y contar muy inmóvil hasta 10 para no intervenir cuando empiece a hacerlo. Se pasa mal. Muy mal. Pero no intervengas si le da la tos que pude ser peor (antes de hacer BLW, sabes que debes formarte en primeros auxilios ¿no?). Al final, acaba tragando y aprende como gestionar la comida y cada vez le pasará menos y tu cada vez te alarmarás menos.
  • Van a opinar. «Este niño no come», «¿eso le vas a dar?», «¿Cómo le das eso si no tiene dientes?», «eso es peligrosísimo». «No va a engordar con lo poco que come», «así lo único que va a aprender es a jugar con la comida». Que no te hagan dudar. Tú sabes los beneficios del método. Tú sabes si a tu hijo le va bien el BLW o no. Ten confianza en ti mismo, en tus decisiones y en tu bebé. Y no dudes en explicar por qué crees que el BLW es lo mejor para tu hijo.
  • Puede ser que tu pareja no esté conforme. ¿Y si tú estás informado lleno de alegría de comenzar a darle sólidos y tu pareja dice que ni hablar? ¡Me ha pasado! Sí. Además, la primera vez que le di sólidos a Sofía, empezó a toser y a hacer arcadas. Yo ya sabía a lo que me exponía, pero mi marido no. Imaginaos su cara. Me dijo que nunca más sólidos. Pero nos sentamos, lo hablamos y llegamos a un pacto (tuve que ser muy insistente y pesada, pero lo logré): Cuando le tocase a él darle de comer, podría hacer lo que quisiera (triturado, chafado, puré, biberón…), cualquier cosa con la que él se sintiese seguro, pero si estaba yo, aplicaríamos el BLW. Un mes después, él le sigue dando cosas chafadas (no trituradas del todo porque así ella sigue haciendo el “mecanismo de masticación”) y yo sólidos. Además, ha aprendido que aunque él le dé la comida, debe respetar si quiere más (abriendo la boca e inclinándose hacia la cuchara) o está saciada (cerrando la boca, girando la cabeza…). Está muy implicado en ayudarme a prepararle las comidas, ayudarme a limpiar… Y está muy orgulloso de los avances que ha conseguido. ¡Así que paciencia también con vuestras parejas!
  • Puede ser que tu hijo no quiera el BLW. Puede ser que lleves tiempo con BLW y tu hijo no quiera pringarse de comida. O que le guste más que le des la comida en cuchara. También me pasó. Hubo unas semanas que a Sofía le daba asquito ensuciarse y le gustaba más que le diese las cosas (aunque fuera una tortilla) con la cuchara. Pues así lo hice. Respeté sus preferencias. ¡No pasa nada! Ella lo quería así, ¿por qué tenía que obligarla a ensuciarse y que lo pasase mal? Un poco más tarde, le empezó a no importar mancharse.
Sofía quería que le diera TODO con cuchara (no, tenedor no, CUCHARA)
  • Para el niño es un juego. Siempre te han enseñado modales en la mesa, pero eso lo aprenderá con el tiempo. Por imitación. Ahora, la comida para él es un juego. Son texturas con las que puede experimentar. Lo aplastará, golpeará, lanzará y al final lo comerá (porque todo se lo acaban llevando a la boca). Así que no le presiones en que no juegue con comida, al contrario. Incentívale. Piensa que no solo va a aprender a comer, va a estimular sus sentidos, va a trabajar la motricidad y va divertirse contigo.
  • Lo que un día le gusta, otro no. Ayer le encantó la naranja y hoy me la tira por la cabeza. Pues sí. También pasa eso. O puede que la zanahoria en bastoncitos al vapor no le guste y en cambio si se la das hervida se la coma la mar de bien. El bebé experimenta, pero tú también tendrás que ir aprendiendo qué le gusta y qué no
  • Vas a querer dejarlo y dudarás de si haces lo correcto. Opiniones, consejos del pediatra, poco apoyo de tu entorno, bebé que come “muy poco”… Son cosas que te harán sentirte inseguro y te harán dudar. Pasarán semanas y tú bebé seguirá comiendo “poco” (poco para ti, que te recuerdo que el bebé sabe la cantidad que le apetece y necesita). No te angusties. Repito, es un proceso. ¿Verdad que no te planteas que de un día a otro camine 2 quilómetros? Empezará por dar un paso, otro día dará 3, hasta que llegue el día que pueda correr horas por el parque. Pues lo mismo sucede con la comida.
  • Se puede dar marcha atrás. Has empezado el método. Pero sufres. Te cansas. No disfrutas. ¡No te fustigues! El BLW no debe ser  un agobio o un estrés, sino algo con lo que los padres e hijos disfrutéis juntos. Si no es para ti, nadie te va a criticar por dar marcha atrás y darle purés. Los niños crecen igual de sanos y felices con triturados. Así que sí, dar marcha atrás está permitido. Ya llegará el momento en que le quieras dar sólidos.
  • Si tienes perro, engordará. La comida caerá al suelo y tu aspiradora con patas y peluda no te dará tiempo a que la recojas. Se agradece porque ahorra mucho trabajo de limpieza, pero cogerá quilitos. Hasta que el niño descubre lo divertido que es alimentar al perro y le dé él su comida deliberadamente. Entonces engordará más que unos quilitos. Y eso no tarda mucho en suceder. A Sofía con 7 meses le parece divertidísimo darle a Nala de comer por debajo de la trona.
Sofía alimentando a Nala en lugar de a ella misma

En conclusión, vas a ver que te van a dar mil consejos. Pero descubrirás que en el BLW (como en el resto de la maternidad) no  hay normas escritas (excepto las norma de seguridad del método que debes seguirlas SIEMPRE). Cada familia sabréis lo que os funciona, y ¿sabes cómo se averigua esto? Mediante ensayo / error. Así que, infórmate sobre los requisitos para iniciar el BLW, sobre cómo presentar alimentos, qué alimentos puedes presentar, haz un curso de primeros auxilios y ¡ADELANTE!

Sofía comiéndose la mar de bien pan con aguacate. Al día siguiente me lo tiro por la cabeza y no quiso más

¡Muchos besos de esquimal!

Silvia.